9.15.2015

Volver a casa

Llevo varias semanas encontrándome las ganas de escribir aquí hasta en la sopa: No me caben las letras en los tuits, la d aún redirecciona automáticamente al blog cuando la pongo por error en mi navegador y hace tres días tuve que zambullirme de nuevo en las plantillas de blogspot para abrir un blog en mi nuevo trabajo. También alguien preguntó por él, por sus letras que han permanecido escondidas bajo las cortinas estos meses.

Dejé de escribir acá porque me tocó. Porque me sentí invadida e insegura. Porque este blog que hace muchos años no tenía más de 3 visitas diarias, de pronto tuvo 100. Porque lo volví privado para protegerme de todos esos comentarios que sabía que vendrían (vinieron a raudales en la publicación de El Espectador, esa en la que me entrevistaron), con sus pisadas torpes llenas de barro. Uno que periódicamente barre la casita, que recoge con los dedos las pelusas que le sobresalen al tapete -como hacía mi abuela-, que pasa un trapito por la mesa después de comer... uno no puede permitir que esos que se colan en las fiestas le llenen de manitas pegajosas la pared. Así que uno cierra la puerta con doble candado. 

Y uno queda solo. Uno. Y uno redacta, sí, pero ya no escribe. Uno va en transmilenio durante la hora y media reglamentaria de la hora pico y redacta una entrada en la cabeza. Piensa en el título, construye las frases, relee, hace los cambios de estilo y guarda. Se guarda para que al tener que pasar entre los ríos de gente, ser pisada por el hombre que va de afán, esquivar tres charcos, abrir la puerta después de creer que las llaves se perdieron, llegar, que la perra se haya comido medio sofá y  que el trabajo titile en la pantalla del celular, se pierda.

Escribí una entrada desde que dejé en privado el blog, sí. Porque la casa es de los pocos lugares en los que se engrandece la cotidianidad. Así que volví, un momento, pero sin quitar la restricción de privacidad. Uno vuelve pero no del todo. Y, ante todo, uno sigue siendo uno. Solo.

Hoy vuelvo a esta casa porque estoy buscando una. Porque ese lugar físico, que fue mi casa por más de diez años, ya no lo será más (y sé que tengo mucho que decir y que escribir al respecto, mucho que aún no ha salido y que quizá está atorado en forma de bolita en mi espalda).

Hoy he vuelto a esta casa que me ha visto aprender a no exagerar en el uso de los puntos suspensivos, que me ha visto llorar y homenajear a mis muertos, que me ha enseñado a filtrar la realidad y a valorar la privacidad. Hoy vuelvo porque necesito escribir algo más de 140 caracteres en twitter o mil páginas de artículos científicos.

Hoy vuelvo a casa y quito el cerrojo.

Bienvenidos.