5.08.2014

What if...?

¿Qué pasa si...?
¿Qué pasa si no consigo trabajo, si no me gradúo, si no paso ese parcial, si me dejo llevar? ¿Qué pasa si no vuelvo a levantarme, si comer está de más, si ya no me acuerdo de mí? ¿Qué pasa si mañana ya no me quiere, si nunca vuelvo a verle, si la pierdo, si se cansa de mí? ¿Qué pasa si en verdad estorbo, si nadie me necesita, si me olvido de mí? ¿Qué pasa si no sirvo, si estoy cansada, si me dejo ir?

A veces creo que la mayoría de enfermedades mentales empiezan con un "¿Qué pasa si...?". Otras veces, en cambio, creo que ese constante cuestionamiento es lo contrario: una señal de salud mental. Últimamente he barajado la teoría de que no es ni una cosa, ni la otra, de que es sencillamente una puerta y, como toda puerta, la puedes atravesar en dos direcciones. Para entrar o para salir. En mi caso, para entrar o salir de un episodio depresivo.

La preocupación es adaptativa. Si no nos hiciéramos la pregunta de "¿que pasa si me tiro el parcial?", quizá nunca estudiaríamos para ninguno. Además, ese pequeño miedo antes de entrar al parcial, cuando no es extremo, genera una serie de activaciones neurofisiológicas que nos hacen más capaces. La producción de vasopresina, la activación de los lóbulos frontales y su fijación en el estímulo que consideramos amenazantes, el incremento de la presión cardíaca... todas estas cosas hacen que durante esa media hora que estamos sentados frente a la hoja de evaluación, demos lo mejor de nosotros. Si nunca nos preocupáramos por nuestro futuro, probablemente nunca construiríamos uno. Si de vez en cuando no nos preguntáramos si la persona que está a nuestro lado está feliz allí, no intentaríamos de vez en cuando reconquistarle y nuestras relaciones personales serían un fiasco. Por eso digo que la ansiedad, a veces, es una puerta de salida. Cuando estoy deprimida, profundamente deprimida, ninguna de estas preguntas aparece en mi mente. Mi función cognitiva está reducida al mínimo así que cuando, después de varios días de no preocuparme por nada me hago la primera pregunta de "¿qué pasa si...?", lo considero un pequeño triunfo.

El problema es que también puede convertirse en un fenómeno poco adaptativo. Como le sucede a esa persona que entra al parcial y es tanta la presión que se bloquea, y a pesar de que hacía quince minutos podía responder a cualquier pregunta, ya a duras penas sabe qué fecha o cuánto es dos más dos. La preocupación excesiva y constante nos  desgasta. A algunos los lleva a un desorden de ansiedad, a mí debido a la sensación de poco control de las situaciones y a un razonamiento pesimista termina llevándome a la depresión. El miedo paraliza. Y es entonces cuando la ansiedad se convierte en la puerta de entrada. Cuando tenemos demasiadas preguntas acerca de que pasara si, terminamos evitándolas todas y sentándonos en la nada. ¿Qué pasa si nada pasa? Pues precisamente eso, nada. La nada. La playa nublada y fría en que el amanecer no se distingue del mediodía, la depresión.

Últimamente me he hecho mucho estas preguntas y no sé si estoy cruzando la puerta para el lado correcto. Es difícil manejar un equilibrio entre las preguntas que son útiles para mi vida diaria y aquellas que simplemente generan miedo y desgaste, así que he resuelto enfrentarme siempre a la pregunta más aterradora primero, porque así las demás pierden su importancia y se van diluyendo. Es más terrible enfrentarse a la pregunta de ¿qué pasa si pierdo el semestre? que a la pregunta de ¿qué pasa si me saco mala nota en esta exposición? y cuando uno logra llegar a la conclusión de que incluso perder el semestre no es una situación tan desastrosa, el miedo a sacar una mala nota ya no resulta paralizador sino adaptativo. Incluso, ya ni siquiera resulta ser miedo.

Ahora bien, no todas las preguntas de "'¿qué pasa si...?" son malas. ¿Qué pasa si por una vez todas las cosas están saliendo bien?

No sé, pero debe asemejarse mucho a esto que está pasando. A cruzar la puerta en la dirección correcta.

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