11.20.2013

Ansiedad.

Estás en la marca de mis uñas sobre mi antebrazo, en mis dientes dejando marcas en mi índice izquierdo, en mis pies amoratados del frío porque necesito sentir la alfombra del suelo. Erre con erre cigarro. Estás en mi manía de retener el aire entre los pulmones con fuerza hasta que siento el corazón en la garganta y el mareo en los sesos, en la manera en que me froto las manos hasta que las palmas se ponen rosas y en el eco incesante de las palabras que repito al menos trece veces para alejarte. Erre con erre barril. Estás en el calor que me recorre la espina dorsal y en el escozor de mi piel que impide que lleguen los abrazos. Rápido corren los carros. Estás en mis ganas de huir, de correr descalza por la séptima a las tres de la mañana, de mordisquear el filtro del último cigarrillo de la caja. Cargados de azúcar al ferrocarril. 

11.04.2013

Noviembre.

(Esta entrada se lee escuchando: http://www.youtube.com/watch?v=6sVK4g5w4J8 )

Te escribo porque soy cobarde y he aprendido a encontrar cordura en algunos de mis miedos. Te escribo porque no quiero llamarte, porque alguien más duerme a tu lado, porque no quiero saberte. Porque quiero que un día todas estas sensaciones me evoquen una sonrisa pequeñita y ladeada a la derecha y no este mar en tormenta que se me desborda entre las pestañas. Porque sé que si te llamo querré verte, que si te veo querré abrazarte, que si te abrazo querré tenerte y que volveré al principio. Porque si te llamo querré pelear como siempre, querré gritarte por cualquier motivo, querré que me calles los gritos a besos y no lo harás. El amor es peligroso, ¿sabías, princesa?, es peligrosísimo porque cuando se encuentra así, sin caderas que agarrar, le gusta disfrazarse de odio. Cómo te odio a veces. Te odio con la misma pasión con la que te tiraba sobre mi cama y te mordía el cuello. Te odio porque me cuesta tanto tanto tanto no amarte así. De manera que para no llamarte y terminar odiándote, te escribo. Enciendo el quinto cigarro de la madrugada porque sabes que cuando fumo no lloro, y no puedo escribir si no veo bien. 

Es ya noviembre. ¿Te acuerdas? Noviembre, mi mes. El mes más mágico de todo el año. El mes en que decidí tatuarme, el mes en que vi a Sabina en vivo, el mes en que te supliqué que no te fueras, y de cierta forma te quedaste. El mes en que nací.

Llevo toda la madrugada leyendo nuestras conversaciones. Es curioso verte ahí, en esa foto de perfil que facebook aún me muestra aunque te tenga bloqueada, verte ahí, sonriendo con alguien que no soy yo. Verte ahí y leerte diciendo que me amabas. Leer todo lo que soñamos, todas las heridas que nos abrimos. Estaba tan sola cuando te encontré. Estaba tan perdida. Y de pronto allí estabas vos, amándome como nadie me había amado en la vida. Me dista una fuerza que desconocía, y que me hizo tan maravillosa como terrible. Henchiste de valor mi pecho pero de fiereza mis miedos. Crecí como nunca, pero crecieron también los monstruos. Fui todo contigo. Sacaste de mí la parte más hermosa, esa que te agarraba a besos cuando querías llorar, esa que se iba hasta el otro lado de la ciudad para agarrarte de la mano, esa que escribía cartas con futuros violetas en hojas cuadriculadas, esa que se hubiera dejado matar con tal de que nunca nada más en la vida te volviera a doler, la tierna, la fiel, la apasionada. Pero también sacaste la parte más fea de mí, esa insegura que cogía a golpes las paredes cuando tu ex aparecía, esa que mentía de manera irrefrenable, la malparida, la cabrona, la testaruda, la autodestructiva. Fui puta y fui dama de tu mano. Y vos, vos fuiste bruja y princesa, me hiciste todo el daño que me habías curado. Me pregunto si alguna vez esta habitación podrá ser cielo e infierno de la misma manera en que lo era cuando estabas vos. Ahora no estás. Y yo ya no quiero ser ni maravillosa ni terrible aunque aún me muerdo el dedo índice hasta dejar marca cuando estoy mal.

Fuimos tanto que tuve que huir. Huí porque nos íbamos a morir de amor, ¿entiendes? nos salvé la vida. Esta vida que sigue ahora como siguen las cosas que no tienen mucho sentido, aunque a veces hubiera querido morirme a tu lado.

Es noviembre otra vez. Tengo frío. Empaco una a una nuestras historias a futuro y las quemo con la colilla del cigarrillo, aún encendida. No sé si fuiste el amor de mi vida, pero fuiste el amor de mi muerte y no puedo seguir anhelando que estés. Dudo que debajo de la cama de tu novia aún guardes nuestros viajes a París y el hijo que jamás tendremos, como los guardo yo. Quiero creer que necesitaré ese espacio después, que volveré a soñar con despertarme al lado de alguien que no eres tú. 

"Y sí, sí, sí. Eres mucho, muchísimo más de lo que estaba pidiendo. Y eso a veces aterra jodidamente. Porque no sé ser feliz. No sé. Y estaba tan segura...tan segura de que con vos podía ser infinitamente feliz. Porque eres... eres hermosa. Y se siente tan lindo. Pero yo simplemente no sé. No puedo. Sos mucho más de lo que pedí, y quizá hasta más de lo que soñé.
Y yo sencillamente me tiro todo porque no sé ser feliz." - Sept. 2012.

Creo que es hora de que yo me descubra siendo feliz, y ese es esta vez mi deseo de cumpleaños. Ya no eres mi deseo de cumpleaños y aunque me muero por oír tu voz: Adiós.


( Te amo.)