9.13.2013

Razones por las cuales me gusta estar viva.

La sensación del pasto mojado en la planta de los pies. El olor a lluvia. El sonido de un aguacero justo antes de dormir. Ver llover bajo una manta calentita. Empezar un libro nuevo. El olor a libro viejo y descubrir anotaciones de un extraño entre sus páginas. Imaginarme la historia de ese extraño. Guiñarle un ojo a una estrella y creer que me responde, aunque ellas se la pasen guiñando. Jugar a adivinar en qué fase está la luna antes de verla. Las figuras de las nubes. Las canciones de Disney. Las películas de Pixar. Enamorarme del árbol que me hace sombra. Treparme al árbol aunque me raspe las rodillas.Abrazarlo después y llenarme de hojas secas. Adivinar cuántas personas no pueden dormir por el número de ventanas con las luces encendidas. La risa de mi mamá cuando se burla de mí. Sonreírle a una mujer guapa en transmilenio. El sonido del teclado cuando escribo de madrugada. Tomar agüita de manzanilla con miel. El café oscuro en taza de porcelana para poder apretarlo con fuerza si me siento tambalear. La arena escapándose entre los dedos. El olor a mar. Hacerle muecas a un bebé desconocido sin que la mamá se dé cuenta. Dejarse llevar por las olas, asustarse, devolverse a la orilla y volver a dejarse llevar. Un chocolate derritiéndose entre la lengua y los dedos. Levantarse tarde y sin despertador. Ver el amanecer. Estrenar una almohada mullidita. Clavar la última puntilla de una vivienda de Techo. Saltar en los charcos, mojarse bajo la lluvia y llegar a secarse tomando agüapanela caliente con limón y jengibre. Probar un nuevo rollito de sushi. Sacarle la lengua a la gente del bus que está al lado. La pizza. Contar cuentos alrededor de una fogata. Escribir  versos en las esquinas de las servilletas o los recibos del café. Comer helado y untarme la nariz. Cogerme las tetas porque tengo, porque puedo, porque son lindas y se siente rico. Reírme duro en la mitad de la calle. Ponerme vestidos de flores y dar vueltas hasta que la falda se hinche. Saludar y darles las gracias a las puertas que se abren por sensor y ver la cara de extrañeza del vigilante. Hacer grullas chuecas con los quices. Ponerme mi pijama más suavecita y recién lavada. Robarme un saco grande que no huela a mí y dormir con él. El ronroneo de un gato, pero mejor si es mi gata. Los abrazos que te dejan sin aire y con morados en las costillas. Los esmaltes de colores. Los girasoles. Bailar salsa. El sol a las cuatro de la tarde. Gritarle a las palomas de las plazas. Aprender algo nuevo. Leer sobre psicología. Un vaso de coca-cola helada y papitas fritas. Montar en columpio. Tequila con limón y sal para cada duda. Un nuevo capítulo de mi serie favorita o repetir ese del cual ya me estaba olvidando. Releer uno de mis libros favoritos. La trilogía del Señor de los Anillos, la canción de los enanos de la montaña y la saga de Harry Potter. Recitar poesía a oscuras. Asar masmelos en una vela. Oír a mi hermano decir que me quiere. Trenzarme el pelo. Ir a una papelería y estrenar colores. Un baño largo con agua calentita.Tomar cerveza viendo un partido de cualquier cosa. El viento helado que entra por la ventanilla de un carro a gran velocidad. Llamar a un viejo amor y reírme porque todavía me tiembla la voz. Cantar aunque no tenga ritmo. El olor a picadillo de pipa que me recuerda a mi abuelo. Las pompas de jabón.


(Lo que no me gusta es no poder recordar nada de eso, cuando estoy triste.)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Nos gustan las mismas cosas & en las diferencias está lo lindo.