10.26.2012

Un domingo como tantos, sin usted.

Me armo de valor y le escribo de frente, aunque el valor sólo me alcanza para escribirle estas letras que quién sabe si leerá. Para hablarle de usted como si hubiera una distancia insalvable entre nosotras, y es que probablemente la hay. Volví a oír a Sabina, ¿sabe? y tengo unas ganas irrefrenables de hacerle caso y vestirme de putita, corazón pero he descubierto que sin usted la lengua sólo me sirve para hablar. ¿De qué me sirve desnudármele a un cualquiera si la estoy pensando a usted? ¿Si son sus manos, sus caderas, sus tetas las que espera mi cuerpo? Mi escondite, mi clave de sol, mi reloj de pulsera. Mi princesa, mi canela, mi morocha. Quizá no debería escuchar a Sabina un domingo, pero es que el entiende a la perfección mis ganas de escaparme, de huir de la calle melancolía y quizá refugiarme donde habita el olvido. Allá donde usted nunca llega, porque es inolvidable. Quiero contarle que, a pesar de todo, lo estoy llevando bien. Que me cuesta aceptar que la extraño y que no he podido bajar de la I en mi celular al buscar nombres para no toparme con el suyo, aunque sé que me tomo su decisión tan en serio que no sería capaz de llamarla ni siquiera después de una botella de vodka. O quizá sí. Tendré que hacer el intento a ver si el alcohol me desenreda lo que tengo en la garganta, o al menos diluyen un poco estas ganas de correr a su lado. 

He de confesar que se me han ocurrido más de quinientas maneras de llenarme su ausencia, pero ninguna me convence. 

1 comentario:

claudia elena dijo...

me gusta cada una de las oraciones, y el texto completo. y a tí te amo