8.05.2012

De amor no vive nadie.

Faltan 10 minutos para las cinco de la mañana. No quiero ver la luz azul en mi ventana, pero aún así me resisto a dormir. Demasiado frío en los huesos, demasiadas letras en mi cabeza, demasiado de vos por toda la habitación como para poner la cabeza en la almohada y apagar la luz. Te extraño. Negarlo sería una mentira que mi sinceridad no puede aguantar. Te amo, también, pero como vos misma dijiste: de amor no vive nadie. Y esa es probablemente la frase que más rebota por mi cerebro, porque hasta hace poco yo sí creía que podía vivir de amor. Es más, aún lo creo. Estoy aquí parada porque me aman. No vos, aunque quizá también por vos, pero porque mi familia me ama, mis amigos me aman y algo de mí misma aún me ama después de tantos golpes que me he dado. De amor vivo, el amor es lo que me tiene día a día en pie, pero al parecer en este caso no es suficiente. Y eso me tiene con insomnio.

No sé por qué te estoy escribiendo. No era mi intención. Podría borrar esta página y comenzar de nuevo como si no te estuviera hablando a vos, pero daría igual porque lo hago, porque ni siquiera estoy segura de que vas a leerlo, porque estas palabras que están en mi cabeza hablan mucho de mí, pero también de vos y de nosotras. No hablan de más. ¿Hay todavía un nosotras? Tiemblo. Tiemblo de manera incontrolable, pero al menos ya no lloro. Ya no tengo más lágrimas, no para esta noche. Quisiera vivir de amor con vos, pero no pudimos. No sé qué hacer. Me siento repitiendo la historia. Me siento como hace un par de meses cuando nos dijimos adiós porque a mí me dolía mucho y a vos te cansaba demasiado. Creímos haberlo solucionado pero aquí estamos de nuevo. O, mejor, allá estás y aquí estoy, separadas de nuevo y sin plural.

Me dijiste adiós hace una semana larga ya. Un adiós tan rápido y sin posibilidad de réplica que me pareció más un hasta luego que otra cosa. Te busqué dos días después y terminé en una de las charlas más heladas que he tenido en mi vida. Me convertí en la reina del sarcasmo y vos te sacaste medalla de oro en cinismo. No me gustan esas conversaciones, me llenan los huesitos de esquirlas, esquirlas que no se sacan sino con cirugía y las cirugías dejan cicatrices feas. Amar me saca lo mejor y lo peor de mí, y en ese momento me sacaste algo de lo peor que hay aquí adentro. Y no estoy dispuesta a que se repita. Odio esas conversaciones, es de lo único que me arrepiento cuando se termina una historia, de llegar a ese límite. ¿Se terminó nuestra historia? 

Después el amor nos pudo más. Pero fueron de esos te amos que se dicen para que queden inscritos en la posteridad, para evitar un reclamo futuro... y es que si de algo me enorgullezco es que, aunque las historias en plural no den para más, nunca han dejado de amarme. Y yo nunca dejo de amar. Te lo dije la primera vez que, hace casi seis meses, te dije te amo. Pero de ahí no pasó. No era ningún vuelve. Estábamos en un vaivén que tenía más de vai que de vén.  Y de tanto vai, me fui. Me fui porque me lo estabas pidiendo a gritos. Me fui porque te habías ido primero, porque ya no estabas, porque al buscarte me topaba con el vacío. Me fui y te lloré dos noches. No nos merecíamos más lágrimas, más aguasal en las heridas. Me fui y comencé, de a pocos, a amarte sólo de lejos. Yo no mezclo duelos y fantasmas, así que hace mucho tiempo aprendí a diferenciar amar de depender, de manera que rescaté del fondo de mi alma la certeza de que puedo vivir sin vos (aunque no quiera) y empecé a hacerlo.

Ahora me buscas. Días después me buscas. Después de ser la reina de piedra, allí estás de nuevo. Como la primera vez. Necesitándome, amándome, buscándome. Y yo no sé qué hacer. Porque la primera vez volví sin pensarlo dos veces, volví porque nunca quise decir adiós. Esta vez tampoco quería decir adiós, no quiero. Nunca he querido decirte adiós. ¡Ese maldito viernes tampoco quería decir adiós y mucho menos verte hacerlo! No quiero. No quiero tener que lidiar con tu ausencia, que se ha vuelto fiel compañera de mis caminatas por Chapinero, no quiero tener que morderme los labios con fuerza cada vez que suena Arjona o Sabina o cualquiera que haya hablado de nosotras, no quiero tener la manilla que me regalaste en el fondo de mi mochila porque ya no se siente cómoda en mi muñeca, no quiero tener que esconder tu saco en el fondo del armario porque ponérmelo y saber que vos ya no me abrazas más es demasiado. Yo te quiero a vos. Quiero tus correos en mi bandeja de entrada deseándome buenos días, quiero tus carcajadas burlonas, quiero tu lengua en mi entrepierna haciéndome gemir, quiero el hueco de tu clavícula donde duermo tan bien -¡donde sueño tan bien!-, quiero perderme en tus ojos de estrella. Incluso quiero tus problemas de familia, tus exámenes de la Nacho, tu cansancio del trabajo, porque quiero estar ahí para vos en las buenas y en las malas. Porque te amo.

Pero no es suficiente. De amor no vive nadie. Nuestro amor está intacto, nadie lo puede dudar. Está ahí tan pasional, intenso, demente e ingenuo como la primera vez. Quizá demasiado ingenuo. De amor no vive nadie. La frase se repite una y otra vez. Algo se me rompió, no sé a vos (porque ya no uso plurales), pero algo se me rompió. Nuestros sueños a futuro se murieron de hambre, como te advertí que estaban haciendo esa noche hace una semana. Nadie los alimentó más, porque yo no sirvo para soñar sola y vos no estabas. Podríamos tener otros, sí, pero estos se murieron. Aunque eso es lo de menos, el futuro está muy allá, muy lejos de nuestras narices, de la punta de nuestros dedos. Me preocupa lo que está pasando y lo que ha  pasado. Te has ido ya dos veces. Te he visto irte y me he quedado dándole golpes a la pared que dejas de reemplazo. Te has ido por la misma razón. Me duele de vos lo mismo que me dolía hace meses, esa maña de buscarme en cualquiera que no sea yo y yo comienzo a sentirme un paréntesis que puede ser ignorado sin cambiar en modo alguno la sintaxis de tu vida. La verdad, no sé cómo hacer para que deje de doler, aunque ya mi psicóloga prometió ponerse a la tarea de ayudarme. Pero vos no me ayudas. No sé por qué, no sé si no entiendes o no quieres, pero no me ayudas. No te gustan las culpas y no te estoy culpando, pero sí hay responsabilidad tuya en esto. Y no sé cómo hacértelo entender, especialmente si cuando tocamos el tema vuelvo a ser una pelota rebotando contra la pared que sos. Ping, ping, ping.

Quiero estar con vos. Quiero ser con vos. Te extraño. No me gusta estar así. No quiero que seas just somebody that I used to know. Pero no quiero volver sólo por volver, para volver a estar así en un par de meses y luego otra vez, y otra y otra hasta que no demos más. No quiero volver a ser la reina del sarcasmo con vos. Pero lo irónico del caso es que... ¡yo no quería irme! Yo hubiera podido seguir así hasta que me dieran los goznes. Pero te alejaste y, con ello, me obligaste a mí a dar también un paso atrás. Y desde aquí el problema se ve más claro, y no quiero errar de nuevo. ¿Te confieso algo? No sé de dónde estoy sacando la voluntad para no responderte, para no llamarte, para no amarte de cerca. Porque te amoDe amor no vive nadie. Carajo. No me quiero dar por vencida con vos. I won't give up on us. Te necesito para saber qué hacer, porque hablar en singular no me va a llevar a ningún lado hoy. Porque yo no sirvo para terminar historias unidireccionalmente. ¿Queremos cambiar la una por la otra o simplemente somos dos tontas que nos enamoramos de la persona equivocada? Yo quiero cambiar, pero no sola.

Ya son las seis y dieciocho. Amaneció nublado, como mi cabeza, y no estás para soplar las nubes grises y que tenga un buen día. Y no sé si acostumbrarme o no a que no vas a estar más.

4 comentarios:

claudia elena dijo...

Ah... Luna. He leído este post dos veces, y no sabes cuánto te entiendo.
(Advierto que este comentario va a parecer ensayo de preparatoria por la manera burda en que meto citas y citas pero... bueno)
Yo también creo que puedo vivir de amor. Dices tantas cosas que pude haber dicho yo, pero no dije por no insistir, por pensar que, si dejo las cosas así como están y no les doy vueltas, a mi me duele menos y a ella igual. "Quisiera vivir de amor con vos, pero no pudimos." Y me regresaste al penúltimo día del año con "esos te amos que se dicen para que queden inscritos en la posteridad"

Tampoco yo he querido dejarla, nunca. "Me fui porque te habías ido primero, porque ya no estabas, porque al buscarte me topaba con el vacío". ... pero sin ella la vida sería diferente no? como en volúmen bajo, como faltándole algo porque ella es tan hermosa, tan complicada que tiene un acceso directo a tu alma, y un mensaje suyo te hace llorar lo que las noticias internacionales no pueden

Creo que mi historia se parece a la tuya... Enamorarse, terminar, llorar, regresar con toda la esperanza de que no pasará lo que antes, y después, "un adiós tan rápido y sin posibilidad de réplica que me pareció más un hasta luego que otra cosa".
Y yo no puedo hablar por ella, pero mi amor, como tú dices, "está ahí tan pasional, intenso, demente e ingenuo como la primera vez. "

yo tampoco sirvo para soñar sola. y mis sueños ya no tienen chiste cuando me arrancan la posibilidad de compartirlos con Lore. Y ya, me pusiste sentimental. Te quiero, Luna.

Anónimo dijo...

Tu manera de amar es tan absurda que logra hacer que cualquiera a pesar de no gustarle el amor quiera amarte y ser amado por ti.
Luna hay puntos en los que uno debe decir no más, así no quieras, solo porque la quieres a ella, esa cosa te puede servir para más que amarla, puede servirte para que te ames y te des cuenta de otras cosas de las que uno se da cuenta cuando deja a un lado lo que debe dejar a un lado.

Anónimo dijo...

Me parece un tanto ironico leer ese comentario. Yo era una de esas, yo pensaba de la misma manera, yo creia tener el mundo en mis manos y creer que era capaz de tener el control. Pero ese fue mi primer error porque la palabra enamorarse no lleva control y la certeza de estarlo no lleva las riendas.
La dejaras cuando ya no importe, cuando dejes al lado el miedo de no saber que hacer sin sus besos.
Cuando tengas la respuesta a eso dimela. Porque yo por ahora no se como hacerlo, por ahora y por mis siguientes 70 años quiero ser de ella.

sharon dijo...

Estoy pasando por esos momentos justo ahora.. ella esta jugando a perderme y yo me resigno y sinplemente la dejare ganar. Tanto la ame la amo y la amare por siempre. Hoy tengo que entender que debo tener un poco de amor propio y saber decir adios. Aunque no quierooooo