5.09.2012

Un pequeño ejército de esperanzas.



Esperanza # 1.

En la oscuridad, sentada en lo profundo del pozo, tan abajo que la luz es un recuerdo olvidado... Dar el primer paso es la parte más compleja. Llenarte de la energía para levantarte de allí por más que duelan las heridas, por más que pese el cansancio, por más que estés a ciegas y ni siquiera sepas si estás tomando el camino adecuado. Pero bien dicen que cuando tocas fondo no hay otro camino que para arriba, así que muerta del miedo y temblando, con el frío de un posible fracaso en las rodillas, dí mi primer paso.

Dando el primer paso, grulla 1.
Hacer grullas no me resulta fácil. Ya les había comentado el por qué. Pero bien, ahí ven a la primera, después de una media hora doblando aquí y doblando allá, resistiendo las ganas de dejar todo tirado (¿a quién se le ocurre que hacer grullas es una buena manera de combatir la depresión?) ahí está. Tiene forma de grulla. Tiene alas. Quizá después de todo, si sigo caminando y doblando por dónde es, recupere yo mis alas también.

Esperanza # 4.


Después de tres grullas comprobé con una sonrisa que, en general, lograba recordar cómo se hacían, igual que recordaba de a pasos cómo se sonreía. La cuarta grulla fue una sonrisa. Un quiz aburrido que convertí en una mini-grulla, un tedio que volví magia. Las cosas pequeñas de la vida, con un mínimo esfuerzo, pueden resultar asombrosas y sacarte sonrisas a vos y a los que tienes al lado. 


Se me había olvidado que yo era la mujer que sonreía descubriendo magia hasta entre las baldosas.

Esperanza # 6, 7 y 8.


Mi mamá y mis amigos de la universidad me regalaron cada uno una grulla, después de que les enseñé como hacerlas. En ellas escribieron algo para mí.  No estoy sola, y no estoy tan chueca. Ellos son capaces de ver las alas que estoy reconstruyendo pero que nunca he perdido por completo. Pero si yo no continúo, si no camino, no hay manera de que me ayuden.

.... Así pues, entre esperanzas construidas y prestadas, ya llevo un pequeño ejército.
Y aún no me canso de caminar.

(Y, ¿les cuento un secreto? Hay una esperanza que aún no he hecho grulla porque no me sale lo suficientemente hermosa, pero en mi alma esa esperanza lleva su nombre.)

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