5.24.2012

Cerrar los ojos y apretarte la mano, así sea en mi cabeza.


Me gustaría poder empacarte la confianza en una botellita y regalártela mañana para que tomes un poquito cada vez que te haga falta y se te infle de nuevo el pecho, pero con la crisis económica y la escasez de certezas, la confianza es algo que anda caro últimamente. Me encantaría poder regalarte un poquitico de esta sensación cálida en la boca del estómago que tengo cada vez que estoy cerca a vos, porque, verás, esa a mi me sobra y quizá sea de utilidad a la hora de pelear con esa sensación tan aburrida que nos come a veces, pero la biología me desaconseja abrirme las tripas para buscar esa calidez… ¿qué tal que en el intento se escapen todas las mariposas?

Quizá podría regalarte un minuto en mi cabeza. Para que te vieras como te veo yo y pudiéramos jugarle trampas a esa visión tuya que hoy parece una lupa al revés y te hace ver pequeña pequeñita. Podrías ver lo mucho que creo en vos, todas las virtudes y destrezas que te encuentro, y lo adorables que se ven tus manías desde aquí. Pero luego pienso en que podrías coger el camino equivocado y perderte en el laberinto que tengo como cerebro. ¿Te imaginas ir a parar a mis recuerdos de infancia, o quizá al lugar donde guardo cosas inútiles como la lista del mercado? ¿Qué tal que te pierdas y vayas a parar al recoveco de mis miedos, esos de dientes afilados que tan duro muerden?

Si fuera Morfeo te regalaría una noche de sueño, para que entre las cobijas se apague esa cabecita tuya que no tiene freno y las preocupaciones se quedaran sin conciencia que morder. Y, aprovechando que por una noche tus sueños son míos me metería en ellos y los llenaría de puestas de sol, caracoles de colores, música de guitarras flamencas y quizá (o mejor dicho seguramente porque no podría resistirme) me colaría yo también y te llenaría cada vértice de besos sabor chocolate y te pintaría con la punta de mi lengua una sonrisita de ésas que de tan reales dejan de ser sólo sueño y se dibujan también en tus labios dormidos.

Si estuviera cerca te regalaría un abrazo de esos que le quitan los caprichos al sistema nervioso autónomo y que, por alguna razón que no comprendo, hacen que los pulmones estrujados por mis brazos respiren mejor. Pondría mi corazón bien cerquita del tuyo para que empezaran a latir juntos… aunque, ahora que lo pienso, el mío late tan rápido cuando tu piel roza la mía que quizá no sea tan buena idea.

Me gustaría poder llenarte los bolsillos de certezas, la panza de ganas, las costillas de tranquilidad, las rodillas de confianza, la cabeza de sueños, la mirada de claridad… pero como no puedo, me quedo dándote lo que tengo. Me quedo sentada de este lado soplando nubes para que no se atreva el cielo a lloverte el día de mañana. Me quedo cruzando los dedos. Me quedo confiando en vos calladita, porque a veces las confianzas ajenas pesan. Me quedo porque yo también tengo tormentas entre los pulmones, porque yo también sé que es intentar y no poder, porque yo tengo más miedos que canciones, porque todo eso no duele tanto si estoy contigo. Y sobretodo, me quedo pase lo que pase, que incluso si la tormenta voltea el barco y tus predicciones rotundamente negras tienen la razón: será nadando junto a ti que esperaré el siguiente barco. Que esperaré a que el clima cambie, a que tus certezas vuelvan, a que la seguridad te retorne los pasos.
…O quien sabe, princesa, capaz sin barco alguien venga a rescatarnos en avión.

1 comentario:

Ale-Mi dijo...

¡Qué lindo! Me ha encantado.