4.21.2012

Espejos.

Me miro en el reflejo y no sé bien lo que veo. Es una chica guapa la que está ahí, algo desarreglada y cansada, sí, pero quizás por eso más guapa. Siempre me han gustado las mujeres así, un poco rotas, un poco pisadas por el mundo porque jamás han sabido cambiar de acera a tiempo. Veo sus ojos y por un momento me encuentro, hay un chispazo de reconocimiento en ellos y vuelvo y me pierdo. No sé qué hay en la profundidad de esos ojos gatunos que cambian de color. Pero sonríe, la chica guapa del espejo sonríe y algo de tranquilidad me invade la piel, antes casi no sonreía y en sus ojos nublados de llanto era imposible ver algo. Ahora miro. El universo se abre allí, pero yo no sé lo que veo. No me veo. Veo muchas cosas pero no a . Estoy cansada y no quiero intentar ver más. Últimamente siempre estoy cansada... ¿cómo se puede estar cansado de intentar a los diecinueve años? No lo sé. Y pensar que, estadísticamente, aún me quedan unos 50 años por delante. ¿Cincuenta, dije? A este ritmo creo que menos. Fumo en demasía, como poco y pienso mucho. Quizá lo más perjudicial sea precisamente lo último: pensar mucho y ser poco. El espejo ya no me ofrece más información y siento que mi reflejo quiere irse de paseo, así que lo dejo ir. Sé con pasmosa certeza que no soy esa imagen reflejada a dos dimensiones, porque esa imagen no es capaz de levantar la voz o recrear mis palabras y yo, yo últimamente canto porque se escucha. Aún así, me gustaría verme, verme en la curvatura de la sonrisa o en la manera de fruncir el entrecejo. Pero no, aún no, aún mi reflejo está distante por tantos años de pelea y me niega la posibilidad de saber que soy y que estoy. A veces me siento muy cansada para ambas cosas y desearía vivir en inglés dónde es el mismo verbo. 

Así, filosofando sobre estructuras gramaticales que me son ajenas, paso del espejo de cristal al otro espejo, a este espejo que es infinitamente más fiel pero no por eso menos traicionero. Aquí si me encuentro, pero también me pierdo. Puedo verme con claridad en las frases enredadas, en la falta de uso de conceptos claros, en la excesiva cantidad de comas. En el frenesí. Puedo verme incluso en las letras que no son mías, en la Maga de Cortázar frustrada porque no es capaz de entender tanta tertulia, en la mujer de Que Viva la Música que sólo quiere bailar una pieza más y dejarse el alma en los tacones, en la Sabina de Kundera que sólo quiere alguien que se mire al espejo con ella, desnuda y sin tanta traición, y entienda la importancia de un sombrero de copa, en las mujeres de Benedetti cargadas tanto de sensualidad como de melancolía. Me veo por instantes porque no soy ninguna de ellas, y a la vez soy todas. Las he hecho mías con el tiempo, y temo que si alguna vez me encuentro con sus creadores me reclamen en lo que las he convertido, pero no me importa. Me veo también en Amapola y en Candelaria, porque miente aquel escritor que dice que no deja un pedazo de sí mismo en sus creaciones. Pero entre tanto camaleón ya no sé de qué color soy

Y finalmente, me veo en sus ojos. O creo verme. Y me eriza la piel, esta piel tan mía y tan cargada de cicatrices, esa que ella ha hecho suya de a pocos. Me veo en sus ojos de estrella, veo esa imagen algo coja y no del todo correcta que tiene de mí, y me sorprende la claridad con la que es capaz de verme incluso cuando me disfrazo, cuando me cubro de tristeza o de desespero porque esos conceptos son al menos más claros que el concepto de . Supongo que por eso le tengo esperanzas a este amor de locos nacido a las carreras, porque en sus ojos alcanzo a reconocerme por instantes, porque ella se hunde en estos ojos de gata y me rescata. Y veo cosas horrendas y veo cosas hermosas, porque hace mucho no soy la princesa de la boca de fresa, y me agarro de su mano para saber que soy. Que existo. Que cuando el reflejo se vaya (porque son cabrones y siempre se van), yo voy a seguir existiendo. 

Y finalmente me quedo sola y a oscuras y grito. Y en el eco de esa voz dándose golpes con los rincones comienzo a encontrarme. De a pocos. Pero los laberintos que me he construido dentro son muchos y no tengo mapa ni brújula, y tampoco un hilo como Teseo. Me pierdo y me reencuentro, y se me ocurre que, quizá, esa es la forma en la que somos... de otra manera, sin perdernos y siempre parados en la tranquilidad del mismo punto, simplemente estamos.

2 comentarios:

claudia elena dijo...

fiel a la costumbre, amé esto: "Supongo que por eso le tengo esperanzas a este amor de locos nacido a las carreras, porque en sus ojos alcanzo a reconocerme por instantes, porque ella se hunde en estos ojos de gata y me rescata. "

somos... las que se pierden de a ratos :)

te quiero, Luna
de veras ^^

x dijo...

estoy de acuerdo que sería muy aburrido vivir encontrada, solo que parece que el riesgo tiene que ser cada vez más alto para conseguir un sacudón digno de conseguir nuestra atención y la vuelta es también cada vez más esquiva...

Despues de un tiempo en blanco vuelvo a leer sus vueltas de trompo. Muy atractivas, por cierto.
Un saludo.