4.30.2012

Cien grullas, un deseo.

(No sé si conozcan el concepto de Senbazuru, si no, les recomiendo que lo googleen o no van a entender.)



Desde que tengo memoria, nunca me he llevado bien con el origami. Soy chueca hasta para hacer una línea recta con regla y lo que me cuesta hacer un doblez con precisión no tiene nombre. Siempre he creído que no soy sólo chueca para esa clase de cosas, sino que en general soy el concepto contrario a rectitud, con patitas y bailando por ahí. Soy especialmente chueca a la hora de amarme, y no entiendo a esas personas que aprietan el dentífrico por la parte de abajo y siempre se van a la cama a la misma hora. Soy chueca hasta para amar a otros, y lo lamento en el alma. Por eso nunca pude hacer correctamente ninguna figura en origami y en el colegio me dedicaba a escribir mientras mis compañeros hacían grullas, cometas, sapos y no sé que más.

También por eso de la chuequez tuve que decir adiós esta tarde. Y aunque ahora la extraño a rabiar y quiero más que nunca tenerla respirando contra mi pecho, sé que no voy a poder hacer el doblez correcto. Estoy cansada, apabullada, rota y arrugada. Llevo quizá más de 10 años entablando una pelea contra mí misma en la que nadie va a ganar y eso me impide ser una persona que entable relaciones sanas, porque todas me salen chuecas. He llorado mucho. He peleado mucho. Contra mí, contra el mundo, contra todo. Me he herido mucho. Pero nunca he sabido muy bien qué hacer al respecto. Qué es lo que le falta a este engranaje para funcionar.

Ahora lo sé. Le falta un poco de confianza, de pulso firme, de rectitud y de constancia. Precisamente lo que hace falta para hacer origami. Necesito volver a mí. No sé cuánto me cueste porque me sumergí tanto en esta batalla que perdí de vista quién era. Y necesito volver a mí para poder volver a ella. Y darle un amor de colores que valga la pena.

Senbazuru. Mil grullas, un deseo. Yo no tengo tanto un deseo como una meta. Por eso, quizá, le robo un cero y hago cien grullas. Cien grullas. Cuando logre tener la constancia, paciencia y concentración que necesito para hacer cien grullas... En ese momento sabré que estoy bien. O lo suficientemente bien.

Cien grullas, un deseo. Amarme a mí misma como lo merezco es la meta. Que ella aún esté ahí para amarla como se debe, es el deseo. Vamos a ver qué tanto los japoneses tienen razón.

(Te amo.)

1 comentario:

claudia elena dijo...

ay... es triste leer esto, pero también entiendo (y admiro) que decidas encontrarte y arreglarte para poder darle, como dices, el amor de colores que ella merece.

luna! eres inteligente, creativa, sensible, consciente, bonita... qué más necesitas para quererte. eres un pedazo de universo, complejo y hermoso. estás viva, por dios, aunque te faltara alguna de tus cualidades.

no soy más que una chica enfrente de una computadora lejos, muy lejos, y quizás nunca en la vida nos veamos. no puedo sino confiar en tí, eloísa, en que vas a estar bien porque quieres estar bien. sé que tienes muchísimo amor que dar. sé que necesitas que te quieran (que debe ser fácil) y que te entiendan (no tan fácil)

ndsfhujshdfn
yo no sé ni a que suene esto que digo pero te mando un abrazo real

ah, y yo también soy bien mala para el origami