3.13.2012

Sueños de ocasión.


No sé si es mi raza de sagitario, mi alergia a la rutina, lo poco que me gusta la disciplina (con esa sc tan molesta de escribir), o qué descache de crianza, pero tengo pocos sueños que me duren más allá de una semana. Soy impulsiva y la vida la vivo a atracones, por eso siempre admiré a la gente que con voz serena contesta cómo se imagina en 5 años, 10, 50. Yo no puedo. No puedo imaginarme ni siquiera a final de año. No porque técnicamente no pueda, puesto que mi imaginación es tan poderosa que puedo describir hasta mi ropa interior, o el color del cielo o el brillo de los ojos del transeúnte que me pase al lado cuando camine por ahí a mis noventa años. Sino porque de imaginar a creer hay un trecho largo, y soy tan consciente de la manera en que la vida te puede cambiar en un segundo, que no me atrevo a creer en nada más allá que el ahora.

No me malinterpretes, la filosofía del carpe diem a morir que tanto han prostituido últimamente no va conmigo. No me refiero a no planear, a no ver más allá... me refiero a que hago todo lo que puedo, aquí y ahora, porque esas cosas -esas pocas cosas por las que el gusto me dura más de una semana- pasen. Porque estos sueños de tiempo completo en los que se me va la vida son los que delinean mi presente, porque aunque no lo creas aún soy la chica de los para siempre, esa que necesita idealizar en pequeñas dosis el universo para poderse tragar las verdades que le sirve la realidad a diario. 

El problema es que últimamente ando buscando que un sueño de ocasión se vuelva sueño permanente y me acompañe hasta los lunes por las mañanas, esos momentos en que no sueñas sino con seguir cinco minutos más en la cama. Últimamente ando planteándome futuros que nadie me ha pedido, y notando con cierta amargura que por más reales que los imagine no me lo creo, porque me jodieron -o quizá tuve jodida desde siempre- la visión de lejos. Soy miope por naturaleza, y no veo mucho más allá. Lo que si veo es el acá y mis ganas de soñar. De soñar incluso cuando debería estar durmiendo, como ahora. 

De soñar con un nosotras, en vez de con un yo. 

Ahora la pregunta del millón es si habrá alguien en el mundo que se atreva a llevarme el paso con estos sueños de ocasión, estos sueños en que te puedes soñar hasta el premio nobel porque el día te sonríe y sientes acalorada la panza. Si habrá alguien que se atreva a recordármelos en plena tormenta, cuando las nubes grises ni siquiera dejen intuir cuando amanecerá. 

Y me pregunto en silencio qué tanto estoy dispuesta a volver ese sueño un sueño de tiempo completo, y que tanto para vos soy sólo un sueño pasajero que se va con el primer vagón del tren.

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