12.18.2011

Mi penúltimo año antes del fin del mundo. Parte I

(Notas del editor: -Dónde el título de esta entrada resulte profecía me voy a reír mucho.
- Este post es inspirado en uno de Lydia María. Me robé el formato ;) )

El año comenzó negro, con mucho llanto y muchos dolores de cabeza. Dos ausencias, una consensuada (un poco a regañadientes), otra de sorpresa como puñalada por la espalda. Una que iba a durar poco tiempo, otra que aún no sé. Corazón rasgado e incompleto, ella se llevó varios pedazos, ¿cómo negárselos si la amé tanto?. No hay sonrisa visible en tanta oscuridad. Pero a seguir caminando aunque sea por inercia, por terquedad, que el sol en algún momento debe llegar. Dejar de escribir, de cantar y de vivir; perderme en un mutismo que simplemente intentaba entender qué había ido mal esta vez. Adiós, enero, por favor no vuelvas así.

Las magulladuras se camuflan. Las heridas cicatrizan. Los órganos funcionan aunque les falten pedazos. Y pasa, el sentimiento de catástrofe pasa. Comenzar a ver los aprendizajes aún con los ojos encharcados. Volver a la universidad y seguir amando mi carrera con la fiereza que acostumbro. Recaídas de vez en cuando, acostumbrarme a no más enlíame que me gusta, porque ya no me gustaba en absoluto. Resultaba demasiado doloroso. Romper el mutismo de a poquitos al entender que esta vez no había habido paso en falso, que simplemente hay historias que están destinadas a enseñar mucho, a doler hasta la médula y a no durar. Porque no hay cuerpo que aguante tanto tiempo en la mitad de la hoguera. Aún así, corazón coraza: que nadie se acerque porque un corazón cojo no logra correr en el momento adecuado. Adiós, febrero, que extraño te ves ahora desde aquí.

Ella tiene la fiebre de marzo, no va a parar hasta encontrarlo. Comenzar a recuperar los pedazos, algunos pedazos, los que a final de cuentas sí me pertenecen a mí y a nadie más. Arrancárselos a ella cada vez que me la encontraba por casualidad y no reconocía a la mujer que amaba con tanta locura en esos ojos que ya no eran capaces de mirarme a la cara. Encuentros y desencuentros, pero dejar de pelear la batalla sola y encontrar en su hombro y en su abrazo cálido ese momento para llorar todas las lágrimas que habían caído en la oscuridad necesitando que alguien, alguien como él, las secara. Comenzar a dejar entrar gente nueva a mi vida y descubrir en una mujer maravillosa un ángel de la guarda, una lealtad sin límites que me impulsó a seguir caminando entre trabajos de la universidad que parecían carecer de sentido entre tanto que pasaba. Amigos, esa palabra que se me había olvidado entre tanto recordarla. Adiós, marzo, ojalá las personas que encontré contigo se queden.

Ser. Simplemente ser y dejar que tu existencia vuelva a retomar el curso, dejar de estar a un lado del camino y comenzar a recorrerlo. Encontrar más aprendizajes y coserlos a mi colcha de retazos. Recobrar la sonrisa de arlequín y volver a escribir en secreto, un poco haciendo catarsis, otro poco por recobrarle el gusto, aunque escribiéndole a ella siempre, a la ella que recordaba y aún no era capaz de quitarme de la suela de los zapatos cada vez que caminaba. Meterme en Techo de cabeza, construir, reír, empaparme, ayudar. Recordar que este mundo tiene mucho por hacer. Y dejar que los torrenciales aguaceros lavaran tanta inseguridad y tantos miedos, tanto olor a salitre en mis mejillas y tantas preguntas sin dueño. Adiós, abril, lluvias mil.

~

Esto continuará.

PD: Estoy pensando en volver a contestar comentarios. ¿Qué opinan? ¿Les gustaría?

2 comentarios:

claudia elena dijo...

aaay a mi me gusta mucho construir :3
barretear, específicamente. y clavar duela :)

me gusta que cada que leo algo tuyo salgo por lo menos con una frase para no olvidar: Dos ausencias, una consensuada (un poco a regañadientes), otra de sorpresa como puñalada por la espalda.

y qué bonito es amar la carrera que elegimos ^^

Mi Ser dijo...

Ser... Últimamente eh convertido en olvido esa palabra.... Quizá... Para que seres como Tu... en una Letra... Nos lo Recuerden...

Abrazoles..
Mi Ser.