12.30.2011

Mi penúltimo año antes del fin del mundo. Parte III

La Universidad Nacional de Colombia que me recibía con los brazos abiertos de pronto, siempre que quería huir de las cuatro paredes asfixiantes en que se puede convertir mi universidad si me la tomo muy en serio. Viernes de aquelarre, de whisky barato, cigarros/tabacos con sabor a plátano y bailar salsa con la luna jugueteando sobre decenas de estudiantes. Recordar qué se siente ligar y divertirme. "¿Te puedo morder?" Go on, boy, go on. Ser "la mejor amiga del novio", descubrir de dónde sacar la sinceridad para la sonrisa. Compartir. Adiós, septiembre, vamos a ver qué tanto soy capaz de ceder.

Calles. Causas (perdidas y no tanto). Lluvias, zapatos mojados, voz ronca. ¿Quién es usted? Soy estudiante. Aferrarse y creer en un sentido común, en un sentimiento comunitario, en la esperanza de una juventud que yo, hace mucho, comencé a creer que había nacido vieja y ahora me estaba demostrando que quizá no. Ver como iban cambiando las cosas de a poco, pasito a pasito, con flores y abrazos y echándole ganas. Romper paredes: Dentro de mí, dentro de mi universidad, dentro de mi país. MAES. MANE. Tanta gente, tantos sueños. Adiós, octubre, qué lindo fue volver a creer.

Mi mes. Participar como psicóloga y ganar como actriz, que siempre he sido un arlequín con alma de estrella. Una mariposa y un diploma como fruto de eso y recordar que el arte lo llevo en la sangre y que es más lindo trabajar en mi profesión cuando reitero lo que creo: equidad de género, en este caso. El trabajo duro da frutos, quién lo creería. Celebrar huyendo a un viaje corto al mismo lugar en el que sucedió este beso. Escapada justo antes de los exámenes finales con mis amigos (sí, amigos, cómo se ha vuelto de curiosa esa palabra con forme pasa el tiempo) de la universidad y él. Ahora con novio pero siempre él, él y sus ojos líquidos repletos de estrellas. Llorar sentada en el firmamento porque tanta historia no se borra ni siquiera tras todos esos meses, llevo su voz y sus besos de aguardiente aún conmigo. Llorar por el vacío y la cicatriz que escuece cuando hace frío. Llorarla todo lo que me faltaba por llorarla y parar, de una vez y para siempre. Parar. Y llorar porque él se me iba de a poquitos, o su cuerpo se me iba lejos de a poquitos. Pero más que llorar, ser infinitamente feliz lo superaba con creces. Feliz porque sí y porque no, feliz por el sol en mi piel y las risas de aquellos a quien quiero en la hamaca de al lado. Feliz por estar, finalmente, haciendo las cosas bien. El mes de mi cumpleaños. Diecinueve se siente cabrón.  Adiós, noviembre, qué mágico has sido siempre.


Qué mes tan complejo. Siempre me desestabiliza, para el lado bueno y para el lado malo. Ida y vuelta al desastre, vuelta e ida que es mejor. Un atrapasueños y un dije, pequeños símbolos para seguir andando, para que las pesadillas se queden y los sueños del tintero se rebelen. Calle 13 resonando en mis oídos y el poder de sus letras taladrándome el alma entre velas, y el nudo en mi garganta cantando Latinoamérica porque no puedes comprar mi vida. Tantas frases en tan poco tiempo. Un nudo de emoción que luego se haría más grande e infinitamente más amargo al descubrirme asustada por la idea de perderlo a él, ojitos de estrella, en un segundo. Vulnerabilidad al cien por ciento al notar que dentro de este corazón coraza cada vez hay menos gente... ¿qué pasa? ¿por qué aún no abro la puerta? Vamos, corazón, que de tanto recelar te vas a encalambrar. Alone again naturally. ¿Soy capaz de querer con sinceridad? (Yo y mis amores de locura). Termino el año con muchas personas maravillosas pero sólo dos que han atravesado la pared y para variar, con las dos termino el año mal. Él y ella. ¿La recuerdan? Mi ella. Quizá no hay un parasiempre que me aguante. Como en el amor: Yo creo en ellos pero ellos no creen en mí. La sensación de que hay que empezar por cicatrizar del todo y sanar..sanarme. Sanarme, quererme, creerme, verme. Cerrar ciclos. Decirle adiós a tanto miedo, a tanto odio, a tantas culpas. Desterrar la tarántula en mi espalda, retar nuevos horizontes y soltar amarras. Adiós, diciembre, déjame cerrar todo lo que tengo que cerrar para poder abrirme otra vez y sonreír.




Adiós, 2011, gracias. A pesar de todo gracias por tanto.


Hola, 2012, dame unos quince días y estaré lista para arrancar contigo.



12.27.2011

I'm just the forever girl...


Can you , please, give me something to believe in?

12.18.2011

Mi penútilmo año antes del fin del mundo. Parte II.

Universidad inundada, pocas ganas, pocos recuerdos. La vida es un péndulo en constante movimiento y pareciera ser que a veces me quedo en el centro. Estática, observando como ondula el resto del mundo. Aferrada a un "justo medio", que no era ni justo ni medio pero sí cómodo... Lo suficientemente cómodo como para respirar sin que doliera. Y finalmente acabar, el semestre, el llanto por ella. Acabar como sin pretenderlo. Adiós, mayo.

De enrredarlo a él entre mis piernas y mis psicosis y luego salir corriendo porque lo que necesito es un súper héroe para que aguante tanto desastre y no un chico normal por más que sus ojos líquidos me prometan estrellas. Y él necesita (inserte aquí la ironía con que todos ustedes lo van a leer) un príncipe azul y no una gata disfrazada de princesa. Seguir entendiendo, seguir creciendo, seguir cantando al sol como la cigarra. Y si duele, que duela, y si sana, que sane, y si me la encuentro del otro lado de la calle, sonreírle y bajar la mirada: no vaya a ser que se robe mi corazón otra vez. Adiós, junio, ojalá tu sol se me quede entre los huesos.

Dejarlo ir. A él. Un mes, dos, la vida entera. Encontrar mujeres curiosas debajo del botón de "add friend" y notar que me hacían feliz, ligeramente feliz. Transportarme un poquito a la adolescencia que entre tanto dolor había dejado atrás y encontrarla con ellas, sentir la juventud entre los dedos de los pies. "De mis disparates de juventud lo que más pena me da no es el haberlos cometido, sino el no poder volver a cometerlos." - Pierre Benoit. Cometerlos siempre. Todo lo que se me ocurra cometer. Meterme a Techo de cabeza para hacer soplar vientos de cambio sin saber en la que me metía. Marchar con Lydia y notar que el tiempo nos hace más raras, pero jamás menos gays -o menos amigas- y sentir que el arco-iris me rebota por las venas como siempre, porque la tolerancia es algo que defenderé hasta la muerte. Y llorar a mares poniéndole la cereza al pastel con un "-After all this time?  -Always.", porque al parecer este sería un año de finales. Adiós, julio, gracias por dejarme tomar aire para el resto del año.

Volver. Agosto fue el mes de volver. Volver a la universidad, volver a romperme, volver a verla. Volverme a armar con más rapidez, también. Colecta y recolectar no sólo dinero para casas sino amigas y risas y jugos de marcas que no sabía que existían. Ser feliz entre el cansancio, y también tambalear al encontrarme con sus mensajes en inbox repletos de sentimientos pero que sabían más a un recuerdo empolvado que a algo nuevo. Saberla lejos, muy lejos, físicamente como emocionalmente, y no saber si (son)reír o llorar, pero tener la certeza de que no me enlíaba ni un día más. Sentir que los vientos de cambio en Techo resultaron vientos de huracán y casi acaban conmigo, con mis ganas y mis horas de sueño, pero sentir el corazón a mil cuando volví de esos barrios perdidos sabiendo que más de 80 casas se habían construido en parte gracias a mí. Adiós, agosto, gracias por soplar tantas sonrisas.

Continuará.

Mi penúltimo año antes del fin del mundo. Parte I

(Notas del editor: -Dónde el título de esta entrada resulte profecía me voy a reír mucho.
- Este post es inspirado en uno de Lydia María. Me robé el formato ;) )

El año comenzó negro, con mucho llanto y muchos dolores de cabeza. Dos ausencias, una consensuada (un poco a regañadientes), otra de sorpresa como puñalada por la espalda. Una que iba a durar poco tiempo, otra que aún no sé. Corazón rasgado e incompleto, ella se llevó varios pedazos, ¿cómo negárselos si la amé tanto?. No hay sonrisa visible en tanta oscuridad. Pero a seguir caminando aunque sea por inercia, por terquedad, que el sol en algún momento debe llegar. Dejar de escribir, de cantar y de vivir; perderme en un mutismo que simplemente intentaba entender qué había ido mal esta vez. Adiós, enero, por favor no vuelvas así.

Las magulladuras se camuflan. Las heridas cicatrizan. Los órganos funcionan aunque les falten pedazos. Y pasa, el sentimiento de catástrofe pasa. Comenzar a ver los aprendizajes aún con los ojos encharcados. Volver a la universidad y seguir amando mi carrera con la fiereza que acostumbro. Recaídas de vez en cuando, acostumbrarme a no más enlíame que me gusta, porque ya no me gustaba en absoluto. Resultaba demasiado doloroso. Romper el mutismo de a poquitos al entender que esta vez no había habido paso en falso, que simplemente hay historias que están destinadas a enseñar mucho, a doler hasta la médula y a no durar. Porque no hay cuerpo que aguante tanto tiempo en la mitad de la hoguera. Aún así, corazón coraza: que nadie se acerque porque un corazón cojo no logra correr en el momento adecuado. Adiós, febrero, que extraño te ves ahora desde aquí.

Ella tiene la fiebre de marzo, no va a parar hasta encontrarlo. Comenzar a recuperar los pedazos, algunos pedazos, los que a final de cuentas sí me pertenecen a mí y a nadie más. Arrancárselos a ella cada vez que me la encontraba por casualidad y no reconocía a la mujer que amaba con tanta locura en esos ojos que ya no eran capaces de mirarme a la cara. Encuentros y desencuentros, pero dejar de pelear la batalla sola y encontrar en su hombro y en su abrazo cálido ese momento para llorar todas las lágrimas que habían caído en la oscuridad necesitando que alguien, alguien como él, las secara. Comenzar a dejar entrar gente nueva a mi vida y descubrir en una mujer maravillosa un ángel de la guarda, una lealtad sin límites que me impulsó a seguir caminando entre trabajos de la universidad que parecían carecer de sentido entre tanto que pasaba. Amigos, esa palabra que se me había olvidado entre tanto recordarla. Adiós, marzo, ojalá las personas que encontré contigo se queden.

Ser. Simplemente ser y dejar que tu existencia vuelva a retomar el curso, dejar de estar a un lado del camino y comenzar a recorrerlo. Encontrar más aprendizajes y coserlos a mi colcha de retazos. Recobrar la sonrisa de arlequín y volver a escribir en secreto, un poco haciendo catarsis, otro poco por recobrarle el gusto, aunque escribiéndole a ella siempre, a la ella que recordaba y aún no era capaz de quitarme de la suela de los zapatos cada vez que caminaba. Meterme en Techo de cabeza, construir, reír, empaparme, ayudar. Recordar que este mundo tiene mucho por hacer. Y dejar que los torrenciales aguaceros lavaran tanta inseguridad y tantos miedos, tanto olor a salitre en mis mejillas y tantas preguntas sin dueño. Adiós, abril, lluvias mil.

~

Esto continuará.

PD: Estoy pensando en volver a contestar comentarios. ¿Qué opinan? ¿Les gustaría?

12.09.2011

Monstruos debajo de la cama.

Mi cuarto es un desastre, lo ha sido desde pequeña. Creo que los duendes sacan mi ropa y mis libros y los ponen por toda la habitación como forma de divertirse. El caso es que, entre tanto desorden, no entiendo cómo debajo de mi cama, junto a una maleta enorme, dos grabadoras viejas, un morral y una cantidad aterradora de polvo puedan vivir mis miedos. Pero ahí está. Ahí viven, los 365 días del año, sólo que unas noches dejan dormir menos que otras... y hay noches en las que simplemente no hay manera de conciliar el sueño porque salen a pincharme las costillas, jalarme el pelo, quitarme las medias y susurrar en mi oído.

Ay, si oyeran las cosas que susurran. Y son los mismos miedos de siempre, que han crecido con el tiempo, pero los mismos. Los que hace seis años me rompían en pedacitos tan pequeños que mi mejor amiga del momento no sabía por dónde comenzar a recoger. Los que me tienen desde hace dos noches con cara de entierro, ganas de llorar y una sensación en la espalda como si me estuviera resquebrajando y necesitara un abrazo para pegarme toda de nuevo.

Y, vamos, ustedes seguro no se sorprenderán: No hay nadie que me abrace. 

12.04.2011

Verdades a cataratas.


Estoy aburrida e insómnica. Son casi las siete de la mañana y yo no he dormido un carajo. Si, estoy en vacaciones y, ni corta ni perezosa, ya tengo el horario al revés.

Hace mucho tiempo no escribo en un blog porque sí. Por escribir. No sé todavía si me siento cómoda escribiendo aquí.... es decir, no sé si me siento cómoda escribiendo otra vez. Supongo que ya muchos de ustedes, queridos lectores, se largaron a algún otro blog en el cual la gente no desaparezca durante meses. Pero, lo siento, siempre tuvieron la advertencia de que soy así. De que podía desaparecer un día sin anuncio previo durante tiempo indefinido. De que un día soy una poeta deprimida, al otro día una escritora enamorada, de pronto me vuelvo una activista política encarnizada y, de pronto y más a menudo, ni sé quién soy ni que estoy haciendo. Y no siempre sé cómo escribir cuando eso último pasa y por eso desaparezco.

Pero... estoy de vuelta, ¿no? Aquí me tienen. Escribiendo estupideces a una hora indecente de la mañana, con el sol recién levantado y unas ganas infinitas de café. Es más, iré por café a ver si al menos pretendo que madrugué y no que estuve toda la noche viendo películas en Cuevana (y pretender que no acabo de escribir madrugé, sin u intermedia...así de mal estoy). Mientras hierve el agua, les puedo seguir contando. No he cambiado mucho después de todo.

Me rompieron el corazón, me quitaron la ropa y me llenaron de ganas, me hice un tatuaje, seguí en la universidad, sigo igual de bisexual y empecé a escribir una novela. Eso es lo que ha pasado estos últimos meses, a grandes rasgos.

Sí, Lía fue la que me rompió el corazón, ¿no lo veían venir? Qué malos predictores son. O yo me rompí el corazón gracias a ella. Nunca lo podremos saber. (A veces creo que sufro del mismo mal que el protagonista de 500 days with Summer, estupidez romántica congénita o algo así). El punto es que ella un día se aburrió de mí y mis enredos que están ampliamente aquí documentados, me dijo "necesito alejarme de ti" por facebook chat (chicas, si alguna vez le terminan a alguien, tengan la decencia de hacerlo de frente), me eliminó de su vida -redes sociales incluidas- y me dejó hecha un manojito de lágrimas, inseguridades, preguntas del estilo ¿qué hice mal? y más lágrimas. Creo que lloré un mes, sin pausa. Y gimoteé al menos otros dos. Luego, paulatinamente, uno se va reconstruyendo. Se podría decir que seis meses después dejó de doler como el infierno, aunque no creo que jamás vaya a dejar de doler por completo. Pero para hacer más curiosa la situación, hace unos cuatro meses se largó a otra ciudad y decidió contactarme virtualmente para saber de mí (llevábamos meses sin darnos señales de vida), yo respondí porque gracias a la distancia geográfica ni aunque quisiera podría correr a buscarla, y ahora mantenemos una relación cordial por inbox en la que parecemos, no sé, esa clase de parejas divorciadas que tienen un hijo en común y se tratan cordialmente para evitar daños colaterales. Nosotras, gracias al cielo, no tenemos hijos en común -ni siquiera un gato-, pero nos felicitamos por los cumpleaños, preguntamos de vez en cuando cómo van nuestras vidas, e intentamos (intento, yo, después de descubrir que aún era capaz de hacerme temblar de la cabeza a los pies sin darse por enterada) mantener una sabia y prudente lejanía sentimental. 

¿Que si hay alguien en su vida? No tengo ni idea, aunque me han contado que no. ¿Que si hay alguien en mi vida?.... Bueno, verán, no mentí cuando dije que la amaba. Que la amaba locamente. Y, como sabrán si me conocen un poco a mí y a mis teorías amorosas, jamás voy a dejar de amarla un poquito. Y reconstruirme después de todo lo que pasó, a pesar de que estoy cercana a cumplir un año desde el momento de esa cruel y dolorosa conversación por facebook, no me ha sido fácil. Lía todavía me hace temblar el esqueleto si le doy la oportunidad... ya no tanto, pero no ha llegado nadie que produzca el mismo efecto (a pesar de que yo quiero pensar que ha de estar por venir). Quizá necesito más tiempo para curarme y tener un corazón dispuesto a latir con intensidad de nuevo. Por ahora, veo esa posibilidad lejana. 

Aunque han habido historias. Por su puesto que las han habido. Vamos, que soy una sagitario y quedarme comiendo helado y tejiendo no es precisamente mi estilo. Pero nada que valga la pena contar, y si la vale, ya conocerán a esos y esas personajes con forme vaya pasando algo. Si es que esto se convierte en el inicio de otra racha de post, y no en un post aislado para combatir la desazón extraña de un domingo a la madrugada/mañana cuando sólo se escuchan mis dedos contra el teclado. Por ahora, creo que pensaré en hacer el desayuno y poner música, que este silencio ya es políticamente correcto romperlo con los Rolling Stones a un volumen que valga la pena.

Saludos trasnochados,

Luna... 
Aunque no sé si todavía  me va el nombre.

7.01.2011

La damisela en peligro (simplemente porque tengo que escribirlo en alguna parte)

No sé en qué momento me acostumbré a ser un centurión romano en esta batalla infinita que llevo contra mí misma y parte del mundo. A resistir embate tras embate, con los dientes apretados, y estando dispuesta a morir con la espada en la mano y de pie, jamás de rodillas, en una guerra que parece no tener final. Es un asedio implacable en el que día a día mis fuerzas se revientan y desangran contra las murallas impenetrables, los dardos envenenados y, cuando ocasionalmente llego hasta arriba, las espadas de doble filo. Me acostumbré a ser centurión romano y no pedir ayuda a nadie, y así mismo no confiar en nadie, porque se saben famosas las victorias por traición. Una vida dura que no siempre paga lo suficiente, aunque levantarme cada día y ser capaz de sonreír lo considero muchas una victoria digna.

Ahora bien, todo se desbarata cuando alguien me quita la investidura, las condecoraciones y me desnuda. De repente, dejó de ser un centurión romano y me convierto en una mujer en medio de una guerra. Una mujer joven, indefensa y asustada. La damisela en peligro. Una damisela que por tantos años de fingir ser fuerte y aguerrida, ahora es carne de cañón y no tiene quién la salve. Y me toman presa, con sus manos de bestias horribles que hieden a fracaso y a pasado, a todos mis miedos, y me arrastran hacia dentro... Hacia dentro de aquella fortaleza impenetrable que tanto tiempo asediado, y que tanto repudio, odio y temor me causa. Y me embarga una rabia infinita por no tener armas con qué defenderme, y por haberme quedado sin quién me cuide. La batalla, entonces, ha sido ganada por el otro lado y las fuerzas cesan de embestir las murallas, mientras yo, callada y tirada en algún sucio rincón oscuro, me hago un ovillo rabioso, que no es capaz de pedir ayuda por orgullo y que se siente a cada segundo más vulnerable y, por ende, más miserable.

Es entonces, cuando me quitan la coraza y las grebas, que mi ejército se retira y los dueños de aquella fortaleza que me pareciera inexpugnable salen de cacería a arrasar todo y a todos, a saquear, quemar, dañar, mientras a mí me hieren con adjetivos filosos y dudas envenenadas, y entre más intento resistirme, más fuertes se hacen, porque nada les excita más que ver a una mujer indefensa, orgullosa y enojada. Es en esos momentos en los que me convierto, para mí y para todos, en esa mujer que sólo sabe ser negativa y odiarse a sí misma, y me vuelvo un poco inútil para hacer cualquier cosa, y esta inutilidad desemboca en aún más frustración, odio y negatividad. Curiosamente, es en esos momentos, en esos momentos en los cuales soy más insoportable y repulsiva para todo el mundo, cuando necesito ser salvada

Y, créanme, no es fácil. Yo, que he combatido toda mi vida frente a esas murallas, sé que penetrar en ellas y sacar una damisela en peligro no es fácil. Es tedioso, desesperanzador, arriesgado... pero me gustaría creer que lo vale. Que para ustedes, sacar a esta damisela en peligro de la fortaleza oscura de vez en cuando lo vale.

Y así, volver a ser el centurión romano de siempre.