10.18.2010

Acoso escolar. Si es un juego, entonces es uno mortal.




Cuando a uno le hablan de sus años de infancia, de tercero o cuarto de primaria, uno debería sonreír; se supone que a los ocho años el mundo te debe parecer un lugar soleado lleno de alegrías. Cuando uno llega a la universidad y le hablan del colegio, de tres o dos años antes de graduarse, uno debería reírse; se supone que a los quince años debemos sentirnos capaces de conquistar al mundo y de volver realidad todos nuestros sueños. Pero hay niños y jóvenes que a los ocho o quince años sienten que su vida es un infierno, hay quienes tienen pesadillas con la escuela, hay algunos que lloran al hablar de su infancia... son niños que sufrieron o están sufriendo acoso escolar.

Algunos pidieron ayuda y la recibieron, los cambiaron de colegio o de salón, se les prestó asistencia docente o psicológica y las cosas mejoraron. Otros encontraron la manera de acabar con el acoso, inventaron formas de huir o de centrar la atención en alguien más. Pero esos casos son contados, cada día más de 19.000 niños y jóvenes intentan suicidarse debido al acoso al que son sometidos en el aula. Algunos mueren, otros no. Hay unos que aguantan año tras año en silencio esperando que llegue algo mejor, pero nunca vuelven a ser los mismos. Hay algunos, poquísimos, que encuentran la manera de que la voz salga de sus gargantas y piden ayuda, pero nadie los escucha.

 ¿Qué cosa puede hacer un niño a esa edad digna de tanto odio y abuso? ¡Tienen menos de diez años! Todavía no me lo explico. Cuando denucias el abuso, o bullying como se le denomina en textos especializados o países angloparlantes, a veces te responden: "Es normal, todos los niños se burlan de alguien, los niños son crueles". Es mentira. Es normal que los niños se autoregulen haciendo bromas de uno u otro de vez en cuando, pero cuando hablamos de acoso, son niños que se ven agredidos verbal, psicólogica y en ocasiones físicamente de manera repetida y sistemática. Y debemos abolir esta mentira, debemos denunciar el abuso, prestar ayuda, acoger y cuidar a aquellos niños que están sufriendo y no decirles que es parte de crecer, porque si es parte de crecer... entonces yo los entiendo cuando dicen que no quieren crecer. O peor, cuando se atan una soga al cuello y hacen algo para parar.

Este texto iba a versar en un principio sobre acoso a población joven LGBT, dado que en los últimos días ha habido una ola de muertes de jovencitos, de niños, que se han suicidado debido a la agresión que tenían que soportar de sus pares por ser personas LGBT. Y en respuesta a esta escalofríante ola ha nacido la idea de que este 20 de octubre muchísima gente de todas partes del mundo vestirá con alguna prenda violeta (que representa el espíritu en la bandera arco-iris de la diversidad) para honrar estas muertes y protestar en contra de la homofobia. Iba a versar sobre eso, pero tengo la odiosa característica de hacer todo más grande y notar que aunque esta población es marcadamente vulnerable, no son los únicos.

Esto no se trata simplemente de homofobia, esto se trata de odio a la diferencia. De niños que son educados (por la familia, por los medios, por la sociedad, o por todas las anteriores) a odiar aquello que es diferente. Al niño gay, a la niña más lista, al niño callado, a la niña lesbiana, al niño con brakets, a la niña gorda. Y lo triste es que se les olvida que esos niños también son personas.

Abramos los ojos, mundo, no podemos seguir odiándonos entre nosotros. Es nuestra responsabilidad que ese niño sonría y no crea que su vida es miserable y no vale un centavo. Es necesario recordarle de vez en cuando a las personas a nuestro al rededor el hecho de que las diferencias no deberían separarnos, sino unirnos, hacernos una sociedad más especial. Es necesario seguir luchando por la tolerancia. Es necesario parar un segundo y darnos cuenta de cuántas veces al día con un comentario degradante, una mirada, una expresión, discriminamos a alguien, lo hacemos sentir menos que nosotros, cuando ese alguien es exactamente igual.

Encontremos las cosas que nos unen por encima de las que nos separan, y hagamos saber que lo único que no es aceptado, sino discriminado y rechazado en esta sociedad son los actos que hieren a las personas. Paremos el odio a lo diferente. Entendiéndose por diferente preferencia sexual, raza, ideología, religión, apariencia física, intereses, gustos, cualidades...

Y si conoces un niño víctima de acoso escolar, por favor, haz algo. Pide ayuda. El acoso NO ES UN JUEGO, porque si fuera el juego, entonces sería uno mortal. El acoso escolar a la gente diferente destruye vidas. Sálvalo. Ayúdalo. Has la diferencia, te lo agradecerá toda la vida.

Espero verlos el miércoles vestidos de morado. Me verán a mí ese día vestida de violeta, y toda la vida vestida de tolerancia.

Eloísa Vela Mantilla.


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1 comentario:

Atani dijo...

Gracias señorita Eloisa.