7.15.2010

Mismos derechos con los mismos nombres.

15 de junio de 2010.

1:00 a.m en Bogotá, Colombia. 3:00 a.m en BsAs, Argentina.

Estoy impaciente. Cada apróximadamente 3 seg miro mi twitter. Estoy ávida de noticias. Quiero saber qué está pasando en el Senado argentino. Clickeo en refresh, a pesar de que sé que Twitter se actualiza solo. Estoy impaciente, ya lo dije, y llevo así desde la medianoche aunque debería estar ocupándome de otras cosas. ¿Debería en serio? No estoy tan segura.

Finalmente un amable tweet llega en respuesta a mi desesperación por no poder ver el debate en vivo y un link me lleva a una lista de GoogleDocs que, si soy sincera, no me dice un carajo. Son un montón de nombres de personas que no conozco resaltados en colorcitos y con nombres de partidos que me resultan extraños. Si no sé cómo está conformado el Senado de mi país, ¿qué carajos hago metiendo la nariz en el argentino?

Es simple, después de unos quince minutos de arrugar la nariz, por fin lo descifro: Vamos ganando: 31 senadores a favor, 30 en contra. No han votado aún, es un conteo tentativo y faltan dos senadores por hablar. Me muerdo el labio, esto está demasiado reñido.

Un momento, ¿dije vamos ganando? ¿Vamos? ¿en qué momento me embarqué yo en este asunto? No soy argentina, no me interesa casarme con una persona de mi mismo sexo en este momento y no sé si alguna vez me interese, tampoco me interesa adoptar, no tengo parejas conocidas en Argentina que lo quieran hacer...

Pero digo vamos. Vamos ganando. Me incluyo. Y cruzo los dedos para que el Senado argentino le dé luz verde a la reforma que vuelve LEGAL EL MATRIMONIO GAY. Soy una colombiana, menor de edad, no interesada en matrimonios y adopciones, y aún así estoy insomne y a la espera.
Yo, desde aquí, desde quién soy, QUIERO FIRMEMENTE QUE EL MATRIMONIO GAY SEA LEGAL EN ARGENTINA. Y en todas partes del mundo, pero por algún lado se ha de empezar.

Podría decir que no me importa un carajo, irme a dormir sabiendo que mañana me voy a despertar y (sin contar el aluvión de twitters con #matrimoniogay como hashtag, y una notica en El Tiempo) mi vida seguirá siendo exactamente la misma. Misma rutina, mismos derechos, misma realidad. Podría decir "tengo cosas más importantes que hacer". Podría decir que tengo sueño y estas no son horas para estar despierta. Podría, pero no.

En el Senado argentino se están discutiéndo los DERECHOS de personas como yo. Y como ustedes. Como todos. Homo sapiens sapiens. 23 pares cromosómicos. De todas las razas. De todas las afiliaciones políticas. De todas las religiones. Personas que sienten, viven, lloran, van al supermercado, toman el autobus, tienen padres, tienen hijos, tienen amigos. Recuerdo el logo que inventó la Comunidad L.G.B.T. argentina estos últimos meses y sonrío, porque le encuentro un sentido increíble, una verdad que a algunos se les escapa de los dedos.

MISMOS DERECHOS CON LOS MISMOS NOMBRES.

Eso piden. Eso pedimos. ¡Eso ha pedido toda la humanidad desde tiempos remotos! ¿No es ése el centro de todas las luchas? Derechos de las mujeres, derechos de la infancia y la adolescencia, derechos multiraciales y ahora... derechos L.G.B.T.

Por eso me incluyo, por eso actualizo la lista de GoogleDocs y cruzo los dedos. POR ESO ME IMPORTA, porque la sanción favorable de esta ley es un paso en contra del odio. Porque, realmente, quiero creer que "el amor es más fuerte", como dice Tango Feroz. Porque este mundo me duele, me duele en el alma, y quiero que deje de doler. Porque realmente creo que todos somos iguales, aunque no lo hagamos valer. ¿Idealista yo? Sí, orgullosamente, porque de ideas está hecho el mundo.

Me indigna que haya países del mundo en que las mujeres no puedan votar, o estén condicionadas para hacerlo. Me indigna que haya bares en los que no puedas entrar si el color de tu piel es ocuro. Me indignan las minas en las cuales hay niños trabajando 18 horas. Me indigna que haya países en los cuáles un periodista no pueda ejercer su profesión sin miedo a morir. Me indigna que haya países en los que un hombre no pueda amar a otro hombre porque hay pena de muerte.

Me indigna aunque en mi país las mujeres sí puedan votar, aunque mi piel sea clara, aunque ya no sea niña, aunque no sea periodista y aunque no sea un hombre que ama a otro hombre. Porque me duele que los derechos de alguien sean vulnerados, en cualquier parte del mundo. Porque me duele que la raza humana esté desgajándose casi que por voluntad propia. Porque yo sé lo que es sentirse inferior, y me arde, pica, escuece, duele que alguien arbitrariamente decida que otra persona es inferior. Que una sociedad decida sin mayores argumentos que una población es inferior.

¿Tiene alguien menos derecho a casarse por el color de piel de su pareja? NO. ¿Tiene alguien menos derecho a casarse por el idioma que habla su pareja? NO. ¿Tiene alguien menos derecho a casarse por la afiliación religiosa de su pareja? NO. ¿Tiene alguien menos derecho a casarse por la estatura de su pareja? NO. ¿Tiene alguien menos derecho a casarse por el sexo de su pareja?.....

15 de junio de 2010.
2:06 a.m en Bogotá, Colombia. 4:06 a.m BsAs, Argentina.

Un pequeño grito de alegría se ahoga en mi garganta (es muy tarde para gritar) cuando un tweet me cuenta: "ES LEY. #matrimoniogay". Y luego más y más tweets celebrando... desde Colombia (míos ;) ), Argentina (obvio), Perú, Chile, España...
Celebro en twitter y en facebook porque no tengo con quién celebrar aquí. Me siento dichosa y orgullosa. Orgullosa por un ratico de ser parte de la raza humana.

¿Tiene alguien menos derecho a casarse por el sexo de su pareja?..... ¡En Argentina ya no más! Al igual que en Holanda, Bélgica, España, Canadá, Sudáfrica, Noruega, Suecia, Portugal e Islandia. ¿Y el resto de países? ¿Colombia, mi país, para cuándo?

Hemos ganado una batalla, pero no la guerra. Una batalla contra la homofobia. Una batalla contra el odio.Ahora quedan muchísimas batallas más, siempre contra el odio. A favor del amor, del amor por la raza humana de la que, aunque a algunos se les olvide, todos formamos parte.

Yo lucho. A mí me importa. Yo grito NO a la homofobia. NO a la bifobia. NO a la transfobia. NO a la xenofobia. NO a la misoginia. NO al racismo. Lo grito desde el fondo de mi alma, desde las raíces de mis convicciones. Le digo SÍ a la tolerancia. SÍ al respeto. SÍ a la igualdad. SÍ a la justicia.

Y no soy capaz de entender aquellos a los que no les importa. Aquellos que no entienden que podrían ser ellos, o sus amigos, o sus madres, o sus hijos, o sus padres... Aquellos que tienen "mejores cosas que hacer" que preocuparse por el mundo en el que están viviendo. Por el mundo del que forman parte. Yo le digo NO a quedarse callado, NO a la indiferencia y NO a la ignorancia. Por eso escribo esto. Por eso no me callo. Quizá, también, por eso me duele y algunas veces quiero tirar la toalla y que el mundo deje de doler, porque aunque no me hagan daño a mí, hacen daño a algo de lo que soy parte. Y eso hiere.

Yo hoy me voy a dormir con una sonrisa pequeñita en la comisura de mi boca, soñándo con un mundo mejor. Con que todos, en todas partes, tengamos los mismos derechos con los mismos nombres.

¿Y vos... por qué derechos peleas? ¿O no peleas?

4 comentarios:

Val dijo...

fabulantástico lo que has escrito! no sabes lo inmensamente orgullosa que me siento de mi pais en este momento... espero sinceramente que sea un puntapie para muchos otros sobretodo aqui en latinoamerica.
un abrazo grande desde cordoba argentina yo te agradezco el apoyo!

Dananá Split.- dijo...

Me encantó, me encantó leerte, niña. Somos todos iguales. Los mismos derechos! Te amo, te amo, te amo.

Mililo dijo...

Excelente!!! que bonito saber que existe gente que ve las cosas de la forma en que tu lo haces Felicidades! Ojala algún día podamos conocer ese mundo utópico donde todos somos reconocidos como iguales!!
Fue un placer leerte!!

T. dijo...

Clap, clap, clap.