12.27.2009

Amaneció, y yo aún aquí.

Amaneció, el cielo azul brilla por debajo de la cortina y yo secretamente deseo que la luz no entre. Porque no sé que voy a hacer cuando termine de salir el sol. Te extraño y no estás y no sé a dónde ir a buscarte. Tengo un hueco tan grande en el pecho que se traga hasta mis ganas de llorar. Te necesito y no estás. Nadie está nunca. ¿Qué karma estoy pagando?

Estoy cansada, terriblemente cansada a pesar de haber dormido más que la mayoría. Se me hace difícil creer, se me hace difícil confiar, se me hace difícil seguir. ¿Cómo puedes quererme? Si soy un montón de palabras sin sentido nada más… si soy un pedazo de persona que no se halla a sí misma y no entiende nada. ¿Cómo puedes quererme si no soy capaz de darte ninguna certeza diferente a que también te quiero? Te quiero aquí, te quiero contra mí para poder abrazarte de la cintura y jamás soltarte, para perderme entre tu pelo y sentirme menos pesada, para susurrarte al oído "te amo" y que me creas.

Suspiro pasito, como sin querer, como si no quisiera romper el silencio de la madrugada que cae pesado sobre todo. Y leo otra vez tu mensaje. No entiendo nada, cenicienta, no sé qué está pasando. No sé a qué estamos jugando, qué estamos haciendo. ¿Me explicas? Estoy asustada, terriblemente asustada y apaleada. Me tengo pánico. A mí y a mi increíble talento para enredar las cosas más simples. Para enredarte. No quiero enredarte entre mis inseguridades y mis vacíos, pero te necesito. No quiero que resultes una más de mis historias, mis cuentos siempre acaban mal… no conozco los finales felices, no los sé escribir.

La lunas son los cuerpos celestes más tristes de todo el universo ¿sabías? No brillan por sí solos, no tienen capacidad alguna para albergar vida, ni siquiera tienen mayores cualidades físicas. Son sólo una masa de piedra que levita en torno a un planeta, permanentemente atada a su órbita, y que juega a brillar con luz robada. Yo soy una luna, y soy una luna a la que a veces se le pierde el sol y no sabe brillar y se queda ahí. Opaca. Vos tienes luz propia, cenicienta, aunque por eso mismo no puedas verla. Pero yo, desde acá arriba, sí te veo brillar. Y me enamoré de tu luz, y de tu sonrisa y de tu manera de caminar. De tus misterios y de tus respuestas, de tus historias y de tus risas.

Y tú te enamoraste de mi brillo. Dime, cenicienta, ¿qué voy a hacer cuando se me esconda el sol? ¿Qué vas a hacer cuando sea una luna nueva que no entienda cómo brillar? ¿Qué vas a querer de mí? Nada puedo ofrecerte… ni siquiera palabras, bonita, porque ellas también vienen sólo cuando quieren. Sólo me puedo dar a mí, a mis abrazos desgajados, a mis besos inexpertos, a mis ojos cansados, a mi pelo desordenado y mis labios permanentemente hechos mierda. A mi voz que no siempre dice algo útil, a mis pasos que no saben a dónde van, a mis ganas de reír, de llorar y de sentir. A mi corazón que siempre ha sufrido de insomnio y no sabe de límites, mi corazón desenfrenado, insolente, imprudente y apasionado.

Y lloro en silencio porque… porque no quiero darme contra las piedras otra vez. Quiero aprender a volar, y aprender a volar contigo. No te imaginas lo fáciles que me haces las cosas, lo sencillo que es soñarte y respirar más tranquila, lo lindo que es decirle a la gente que pregunta en qué ando que estoy enamorada. Y no sabes lo mucho que me gusta amarte. Pero no te entiendo, y me enredo y no sé.

Y la vocecita grita en mi oído: no eres quién para que te amen de vuelta. Pero no me importa, no me importa la vocecita si tú estás, si me crees, si quieres arriesgarte conmigo.

(Ayayay, entre que ella y yo casi no nos hablamos, y se nos está desgajando hasta la amistad.. y esto que me pasa con Lía, hoy me duele bastante el corazón.)

2 comentarios:

Luna dijo...

Y los códigos html no quieren colaborar hoy. Disculpen la falta de diseño que tiene el texto (y el hecho de que de pronto la letra se vuelva tamaño hormiga)

A Divinis dijo...

Igual se puede leer :)

Hace poco, leyendo un cuento de Rubem Fonseca, aprendí que no todas las historias tienen final. Ni bueno, ni malo, ni triste, ni feliz. Hay historias que simplemente no lo tienen. Que pueden continuar escribiéndose a sí mismas, infinitamente.

Tu cabeza no para, ¿eh?. Lo sé porque la mía tampoco, y me recuerdo en tus palabras, a tu edad. Sé que suena a sermón, y lo siento, uno tiende a hacer eso a medida que va creciendo, pero qué más da. Los años y la experiencia te van a ayudar a canalizar toda esa angustia y confusión, a crear con eso, a no dejar que te enrede a ti ni a los que amas. Las grandes mentes pueden ser una bendición, o una maldición. Es necesario aprender a controlarlas.

Un abrazo de navidad y fui yo quien hizo el comentario ortográfico, tal vez un par más, pero no lo recuerdo. Así me responsabilizo de mi anonimato :D