10.26.2009

Estoy de vuelta.


Son las 12:40 am y me estoy congelando. He pensado en hacer café, me he parado cuatro veces pero tras dar un par de pasos vuelvo a la comodidad del sillón. Estoy cansada, los ojos me arden. Pienso en ella, como por costumbre, como porque siempre me da mucho sobre que pensar. Sé que no debería… pero sé que no debería hacer tantas cosas. Supongo que estoy hecha al revés. Horarios rotados, sexualidades transgredidas, anhelos estúpidos, nostalgias caducadas… Sí, estoy hecha al revés.

Estoy aquí de nuevo. Es curioso, precisamente abandoné el blog porque estaba cansada de darle vueltas a ella entre mis letras, y vuelvo con ella enredada entre los dedos y las neuronas. Soy altamente predecible.

Se preguntarán en qué he andado... Me fui para Inglaterra, gente. Y esta probablemente lesbiana estuvo un mes en un internado masculino. Fue divertido convivir en una misma casa con 60 inglesitos, no lo voy a negar. Me en… ¿enamoré? (Flashback: “I’m too smart to fall in love right now, devil”) Me enredé con un inglesito lindo. No pasó nada, las partes interesantes pasan en mi cabeza, como siempre. Nos abrazamos, nos reímos, me derretí con sus ojos azul iceberg, le dediqué una canción en secreto, y volví de este lado del hemisferio. Y a la distancia le tomó sólo una semana para borrarle mi silueta de la cabeza. A mí, quizá, me tomará un poco más de un mes. (I miss you, devil, but it’s a secret).

También hice el Icfes (4 puesto a nivel nacional, menos de lo que me esperaba… pero aún así un muy buen puntaje) y me presenté a la universidad. No voy a explicar lo difícil que fue tomar la decisión, pero voy a estudiar Psicología en la Universidad del Rosario. Yo llegué a soñar con Sociología en la Nacional, pero es un tema que no voy a discutir. Son tres años, y después Bolonia es el límite.

¿He cambiado? Sí, aunque no sé exactamente en qué sentido. Crecí, pero no tengo idea de para dónde, ni de hacia qué. Ahora me aburre hablar por Messenger, me da sueño a las once de la noche, me duele la cabeza más que de costumbre, como menos y sonrío más. La amo lo mismo y es un encarte, pero entiendo un poco más. Creo en el futuro y reviví mis ansias de viajar, pero me descubrí soñando con otros paisajes. Sigo igual de bisexual, no se preocupen; la manilla en la mano izquierda y el orgullo trenzado en ella (pero me he descubierto más abierta, tanto que hace tres días me preguntaron a quemarropa, probablemente por la manilla, “¿eres gay?” y automáticamente respondí “sí, se podría decir que lo soy”). He notado también que soy demasiado teórica –rayando con esquizofrénica- pero el hecho no me molesta, las imágenes cuasi porno siguen pasando solamente en mi cabeza, pero estoy cómoda con ello. Soy tímida, que se le va a hacer. Y retardada social también. Si alguien algún día quiere intentar algo más conmigo, dar el primer paso de la forma correcta… si logra quebrar la barrera, se encontrará con la pasión y la creatividad contenida que los sagitarianos tanto presumimos.

Debería dormir, o hacerme un café. La cabeza me duele como si fuera a partirse en dos. Dos. Dos pasos y vuelvo a la comodidad del sillón. Debería escribirle a modo de no-conectado que todo está bien, que simplemente la extraño y deseo hablar con ella largamente. Pero no, doy ochocientos pasos en reversa porque no es del todo verdad. Porque el miedo me atenaza los pulmones como siempre y me da terror ya no conocerla, haber cambiado tanto (ambas) que esta relación tan endemoniadamente frágil que sostenemos se fragmente y se deshilache para terminar quebrándose.

(...Tu amor es suficiente, aunque no me ames como yo quiero. Pero aún así, me aterra saber que puedes dejar de amarme, porque yo sé que no puedo.)