8.10.2009

Cómo dueles en los labios, cómo duele en todos lados.

Para la señorita Almendra, que entiende un poco de qué va todo esto.
Aunque su "no comentario" en cuestión es más físico que el mío.



Se recomienda como banda sonora del texto a seguir.



Me pica la piel por este exceso de caricias inventadas, me arde la garganta atragantada de palabras y se me acalambran los dedos cansados de intentar alcanzarte. Quiero comentar tantas, tantas, tantas cosas. Y no hay nadie para hacerlo. Yo sola, con mis historias y mis enredos. Con mis ideas de ti. Mi inspiración que se escapa y se esconde debajo de las heridas como tentándome a atraparla, a conquistar al dolor para tenerla. De modo que me contengo, dejo a la inspiración allá metida. Me muerdo el labio y miro a un punto, un punto cualquiera que será el confidente de todo lo que mis ojos tienen por decir.

Hoy no soy lo suficiente fuerte. Hoy necesito alguien de quién aferrarme, alguien contra lo cual gritar. ¿No serás vos, sólo un sueño? ¿No serás producto de mi imaginación? Te me escapas de entre los dedos, como intentar mantener agua en la cuenca de mis manos. Demasiado perfecta. Demasiado imaginada. ¿Cómo suena tu voz cuando hablas en susurros? ¿Cómo se sentirían tus dedos al pasar por mi cabello? ¿Me estremecerían más de lo que ya lo hacen tus labios sobre mi piel?

Alguna vez te conté que para conciliar el sueño era mi costumbre imaginarte. Hoy no puedo. Tengo un hueco, un vacío que no cuadra, y a Vainilla bruscamente apretado contra mi pecho. Sé que estás ahí, vida. Sé que existes. Y creo con cada fibra de mi ser que lloras cuando me dices que lo haces, que ríes cuando la combinación de letras adecuada me lo cuenta. Pero en madrugadas como estas, exhausta de llorar por horas, imaginarme tus brazos contra mi cuerpo hace que mi piel te busque, pero por más que busque no va a encontrarte.

Amor o no amor de por medio, te extraño a vos. Enterita. Te necesito a vos. Quiero que me cuentes un cuento mientras a los sollozos se los traga el cansancio. Quiero que me quites las ganas de huir estrechándome contra tí. Quiero hacerte un espacio en mi colchón y acurrucarme a tu alrededor. Quiero poder sincronizar mi respiración con la tuya y que así sea más fácil respirar.

Aún así, ni yo estoy segura de que fuera suficiente. Pero como eres un sueño (un sueño con voluntad y personalidad propia que hace lo que se le viene en gana) tengo derecho a afirmar que sería suficiente. Que eres suficiente. Incluso ahora, a las dos de la mañana con el insomnio pegado a los labios y la desilusión al corazón, incluso ahora eres suficiente. Eres tanto que incluso a dos horas, miles de kilómetros, y un par de miedos de distancia eres capaz de transformar mi angustia en algo más lindo.

Porque mis soledades tienen raíces más profundas, porque mis miedos se agarran del universo, porque mis angustias tienen motivos mucho menos nobles. Porque sabes, o espero que sepas, que no eres ni el detonante ni la solución. Porque me has enseñado que solita tengo que aprender a ser feliz. Porque me hiciste prometer que estaría siempre ahí sin saber exactamente en qué me estaba metiendo... y ahora me mantengo firme, agarrándome de este lado de la azotea.

Porque aunque duele en las esquinas de mi habitación tu ausencia, aunque arden en mis labios todos los besos que me he mordido sin poder dártelos, aunque rasgan las caricias que te pertencen, cautivas en mis dedos... Prefiero mil veces ese dolor, al dolor de saber que no estás. Que no estaremos más. Porque hoy no quería que mis letras versaran sobre terrores y suicidios, sino sobre cosas más bonitas. Porque me escondo en este dolorcito tierno, aovillándome en él para no sentir el golpe de todas esas cosas que parten más.

Hoy, como hacía mucho no pasaba, me torturan los "algún día". ¿Quién te mandó a vivir allá? ¿Quién me mandó a vivir acá? Es una vieja nostalgia de infancia, pero se la cobraré con creces a la geografía y al destino cuando te tenga en mis manos.

Esta noche, bonita, sueña por mí. Sueña por las dos. Y visualiza ese momento tan bonito que hace un tiempo me describiste, para yo poder colarme en tus sueños y creérmelos completos.

Luna. 11 de agosto de 2009. 2:11 am.



Ella, tú, yo. Línea recta.
Pero si se unen los extremos... Ella, yo, tú. Tú, ella, yo. Yo, ella, tú. Yo, tú, ella.
No, no puedo con los triángulos.

3 comentarios:

Atani dijo...

Tienes la capacidad de transmitir tus sentimientos con tan solo escribirlos "Me torturan los "algún día". ¿Quién te mandó a vivir allá? ¿Quién me mandó a vivir acá? , pero se la cobraré con creces a la geografía y al destino cuando te tenga en mis manos" Simplemente también me tortura pensar así; pero es ese mismo destino el que te prescribió varios caminos, una realidad que duele. ¿Podemos cambiar esa realidad? Claro; pero dejaría de sorprendernos los capaces que podemos ser ,las diferentes circunstancias que se nos presentan y que forman a cada uno de nosotros ;detalles en gran o poca medida .
Tampoco puedo con los triángulos.

Lyds* dijo...

... (That's me, speechless.)

Almendra dijo...

No sé qué decir, sólo que entiendo muchísimo de qué va eso.


(Oh, cómo me gusta Maná!)