5.20.2009

Equilibrista.

Me tambaleo y tiemblo, siempre sobre la cuerda floja, con los pulmones a punto de reventar de angustia. Cada paso me cuesta más, cada paso lo doy más asustada. Ya no hay vuelta atrás.
Cada vez me descubro con más ganas de gritar que me estiren otra cuerda de la cual agarrarme, aunque sé que hace rato no tengo voz.
Cada vez siento más ganas de tirarme, de saltar fuera de la vida floja, de la cuerda floja, y mirar que tan útil es la red de respaldo o qué tanto duele totearse contra el suelo y rebotar, aunque sé que la cobardía me aferra la punta de los dedos y no me deja soltarme.
Cada vez tengo más ganas de volverme estatua, de ceder al pánico y quedarme paralizada con los dos pies apoyados, en la postura que ya conozco.. segura, aunque sé por los gritos de lado y lado que es peor parar.
¿Qué hacer? Seguir forzándo los músculos, seguir retando al miedo, continuar dejando pedazos de piel y de alma pegados al nylon porque es lo que una equilibrista hace. Porque para eso nací, aunque la refulgente iluminación no permita saber qué hay más adelante y la oscuridad engulla lo que hay atrás.


Así me siento en estos días. Exhausta, aterida, temblorosa, aterrorizada. Más de una vez he sacado a la plateadita filosa del cajón, y la he mirado como si ella fuera a indicarme -¿a punta de cortadas?- la respuesta. Pero la he vuelto a guardar sin hacer nada más, en el mismo cajón, jugando ella y yo a je ne sais qué. Más de mil veces me he descubierto pensando si todo esto vale la pena, si vivir vale la pena, si yo valgo la pena. Realmente la pregunta es: Si me duele tanto vivir en este mundo de mierda, si además ya me comprobaron que no soy quién para cambiar el mundo de mierda porque nada cambia, ¿qué sentido tiene seguir aquí?
Y además, si nada depende realmente de mí, si yo lo único que puedo hacer es aumentar un poquito las probabilidades enfrentándome con las alas demasiado abiertas al desafío, y saber que puedo fracasar igual de fácil, que me van a cortar las alas de un tajo de todas maneras.. aunque dolería menos si no las tuviera desplegadas. ¿Vale la pena luchar todo esto?
Hago equilibrio estos días. Y me inclino de uno y otro lado de la balanza (más hacia el fatalismo, como es mi costumbre) y no entiendo por qué, no hallo el por qué suficiente para levantarme todos los días y dejar de tambalearme. No encuentro el final seguro de la historia, el fin de la cuerda floja que me anime a mantener el ritmo para llegar allá.
Cada vez me dan más ganas de quedarme llorando sentada en mi cama el resto de la vida.

Pero no lo hago.


Luna.

En parte gracias a vos, preciosa. Porque me necesitas sigo revoloteándo por ahí, porque quiero que sigas soñando con nuestros sueños por las dos. En parte gracias a que confío en poder encontrarte por las noches y decirte "te amo" es que me animo a sobrevivir el día completo.
Gracias por existir, linda.

2 comentarios:

Dananá Split.- dijo...

Te amo, Lunana. (Y no tengo más para decir...)

Lobito dijo...

De nada, Lú.









Rrrre que se hacía cargo la mina XD