2.21.2009

Amiga del cielo.

Ayer estaba hablando con un anarquista borracho que decía que mi mejor amigo me amaba. Y entre toda la conversación hilarante y que desvariaba de aquí para allá al son de lo que el alcohol le hacía decir, recordé muchas cosas.
Recordé como era el mundo cuando las cosas no eran tan complicadas, cuando me daba el lujo de soñar sin atar los sueños con una tirita lila a la realidad, a lo que podía lograr yo. Yo. Él hablaba de incendiar McDonalds, de tirar piedras a la Casa Blanca y yo pensaba en la Luna que alguna vez había querído ser revolución, pero que ya no se sentía capaz. Que se siente muy pequeñita y muy débil para cambiar ese mundo que tira y tira en su contra y que no comprende.
-La revolución se hace con ideas, no con piedras- Le recordé con suavidad, mientras pensaba dónde habían quedado mis ideas. Dónde mi concepción de vivir que ahora se había transmutado simplemente a intentar encontrar un lugar no muy incómodo para cuadrar.
Al liderazgo se lo comió el miedo. Dije, sin hablar realmente de lo que él hablaba, sino pensando en mí. Pensando en que el sueño de once años de colegio había sido ser personera y cambiar un poquito las cosas, y que ahora ni siquiera me animaba a postularme por miedo a perder. Porque la popularidad vale más que las ideas.
Porque siempre hay algo que vale más que yo, y no me atrevo a romper con eso.
El anarquista borracho se despidió de mi como amiga del cielo. Y me dijo que no perdiera lo que tenía, que aprovechara dónde estoy ahora.
No se refería a mis sueños, no se refería a mis esperanzas, se refería a una cosa completamente diferente...pero me pareció lo más sabio que pudo decir en toda la madrugada.
Y dónde está mi niña del cielo? Uhm, coqueteando con Colombina, supongo.
¿Cómo se puede confiar en que la gente cambie, si no se confía en uno mismo? Misterio. Hoy no tengo ganas de pensar, no tengo ganas de soñar, ni fuerza para seguir algún sueño que valga especialmente la pena.
Veremos que pasa mañana, y después, que se supone que la vida apenas comienza.
-A que la gente que cambió el mundo nunca se lo esperó-
Capaz, diario tiene razón.

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