1.12.2010

Mordiéndome los labios.

Parece uno de los personajes de sus historias macabras. Acurrucada a oscuras en la silla frente a la pantalla, con el mentón en las rodillas y los pies helados. Sus ojos aceituna, cansados, recorren ávidamente los renglones de historias similares a las suyas, mientras su mente divaga por el pasado. Ambas cosas la hieren y lo sabe, pero cree que tarde o temprano tiene que volverse inmune. Cierto, quizás es un poco masoquista y demasiado ilusa. La décima lágrima de la madrugada se le enreda en las pestañas. Odia llorar. Pero lo hace, y prefiere así. En silencio, por inducción propia, sólo gotas de agua salada como tantas otras que bordean sus mejillas. No le gusta llorar porque cree, porque le hicieron creer, que sus lágrimas no tienen valía. Porque se siente aún más vencida y rota cuando lo hace. Tirita. Desearía tener la irracionalidad suficiente para salir a fumarse un cigarrillo y dejar que el humo cubra su rostro. Pero tampoco le gusta el cigarrillo, es solo una idea más que vaga y se deshilacha. Se pregunta quien lo sospechará. Quien intuirá el pozo húmedo en el que está sepultada.Y recuerda de repente porque ya no sabe pedir ayuda, y se muerde los labios vislumbrando un pasado no tan lejano que parece volver cada cierto tiempo a desgarrarle una felicidad en la que no se siente cómoda.Suspira, se limpia las lágrimas con una mano vendada, y bosteza. Le duele la cabeza y sabe que la mañana siguiente se le pasará con los ojos cerrados, profundamente sumida en una inconsciencia de la que preferiría no despertarse. Y se le acaban las esperanzas. Entre el aire frío de las dos de la mañana, se le agotan las ganas de vivir, como se la agota el alcohol a un mechero. Se apaga y ya no sabe a que aferrarse, porque todos los apoyos parecen inseguros de repente.Sus ojos rojizos y cansados llevan ya media hora fijos en la misma palabra, sin leer. Sólo contemplando el vacío que se extiende más allá de las letras sobre el fondo blanco. Y ella que, mordiéndose los labios, sólo le da vueltas a un montón de ideas manchadas de más gotas, cristalinas y carmín, acariciándolas desesperadamente en un intento vano de encontrar una respuesta…así sea errónea. Ha leído tantas cosas, tiene tantas opciones dramáticas… aprendió tanto en su afán de encajar a si sea desencajando, en sus ganas de comportarse de una manera comprensible, que ahora solo tiene un montón de notas suicidas en vez de ideas, que la hacen sonreír con la improbabilidad de la escena.Y es entonces cuando apaga la pantalla, tantea en la oscuridad el camino hacia su cuarto, y se tiende en la cama desarreglada, permitiendo que los indecorosos sollozos la sacudan entera hasta dejarla sin energía. Se duerme y sueña, porque no puede evitarlo. Y cuando abre los ojos y siente la luz del sol detrás de las cortinas, tiene la vaga impresión de que su oscuridad se ha disipado…… al menos hasta otra noche.

Esto fue escrito hace ya dos años (07-09-08). Así, sin espacios, con puntos y comas y para leer de corrido. Así me estaba sintiendo. Así me siento. Hoy me gustaría dejar de llenar los borradores de este blog con post que inician y se pierden antes de tomar forma, pero no puedo. Hoy me gustaría escribir algo que naciera del aquí y del ahora... pero no hay nada, no encuentro palabras. Me muerdo los labios y oigo por enésima vez alguna canción de Andrés Cepeda perfectamente diseñada para un corazón herido. De forma que cojo un texto viejo y lo subo... y me quedo así, entre dolores de cabeza y palabras añejas.

Siendo trocitos de papel rasgado al viento. Llenos de palabras sin sentido, sin destinatario, sin gracia. Trocitos de papel que invariablemente, irán a dar contra el suelo.

3 comentarios:

pez dijo...

"profundamente sumida en una inconsciencia de la que preferiría no despertarse"

pez dijo...

:)

Lyds* dijo...

Tenías razón... no me gusta este post.

Quisiera abrazarte muy fuerte, pero ahora no puedo. No se me olvidará hacerlo cuando nos veamos.

Te quiero montones, no sabes cómo me duele leer esto.